Lecturas Vitales #7 – Novela vs. Film – “La pregunta de sus ojos” vs. “El secreto de sus ojos”

Lecturas Vitales #7 – Novela vs. Films

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la pregunta de sus ojos

Eduardo Sacheri. Ed.Alfaguara. 2009.

“…tiene que ir directamente a golpear la puerta del despacho; a plantarse como un hombre delante de la mujer a la que ama, a ignorar la pregunta trivial que suelten los labios de ella cuando lo reciba sonriendo; a pagar, o a cobrar, la deuda que tiene pendiente y que es el único motivo válido que encuentra para seguir viviendo. Porque Chaparro necesita responderle a esa mujer, de una vez y para siempre, la pregunta de sus ojos”, (Pág.315)

el secreto de sus ojos

  1. J.J.Campanella. Ricardo Darín. Soledad Villamil, Pablo Rago, Javier Godino, Guillermo Francella. Guión: E.Sacheri y J.J. Capanella. Música: Federico Jusid.

“Usted no sabe lo que es el amor de ese tipo. Conmueve. Es como si la muerte de la mujer lo hubiese dejado ahí, detenido para siempre, eterno, ¿me entiende? Tenés que ver lo que son los ojos de él, Pablo. Están ahí, en estado de amor puro. ¿Usted se imagina lo que debe ser un amor así, sin el desgaste de lo cotidiano, de lo obligatorio?”

            Introducción:

 

Se trata de hacer una comparación entre la novela de Eduardo Sacheri y el film de J.J. Campanella, describiendo las diferencias entre ambos y las razones de los importantes cambios que debieron realizarse para convertir las palabras en imágenes.

El eje semántico central es la memoria, que recobra la justicia, la ética y el amor. Aunque en la película se ponga más énfasis en la pasión, metáfora del tema fundamental. (La pasión amorosa, pero también la pasión por la justicia.) Un amor contenido durante un cuarto de siglo, por las diferencias sociales y de jerarquía, que se libera en el último capítulo/escena. La cuestión ética también se resuelve, cualquiera sea la respuesta de los lectores/espectadores, Morales ha dado respuesta a su problema de conciencia.

ESPERANDOLO A TITO. Y OTROS CUENTOS DE FUTBOLGALERNA

Eduardo Sacheri nació en Buenos Aires en 1967, es profesor y licenciado en Historia, y ejerce la docencia universitaria y secundaria. Comenzó a escribir cuentos a mediados de la década del ’90.  Sus primeros relatos futboleros encontraron una amplia audiencia gracias a la difusión que de ellos en un programa radial. Sus cuentos de ese período son, ente otros, “De Chilena” “Me van a tener que disculpar” y “Los traidores”. 1

Llegado el momento de escribir una novela, afirmó en una nota periodística: “Esta historia de crimen ya la tenía en mente, pero era demasiado grande y compleja como para meterla en un cuento. Cuando se escribe un cuento, “uno se está largando a cruzar un río con la otra orilla a la vista. Será torrentoso, difícil, pero ves adónde vas. Una novela es como el Río de la Plata. Sabés que del otro lado hay algo, pero no lo ves”                                                          

El paso que un cuentista debe dar para convertirse en novelista es traumático. Una obra de mayor dimensión y más complicada, requiere un largo tiempo de elaboración y varios intentos para que la trama tenga continuidad lógica. En este caso, es evidente que el autor sufrió algunas indecisiones durante el proceso de creación, por lo que el argumento aparece un tanto oscuro a medida que la lectura avanza. En síntesis,   muestra la cicatrices de varias cirugías realizadas para conseguir una síntesis que sólo se logrará con la película.

Incluso hacia la mitad de la novela, Chaparro “siente la tentación de culminar aquí la historia que está contando. Ha sudado a mares para conducir su relato hasta este sitio. ¿Por qué no darse por contento? Ha contado el crimen, la pesquisa y el hallazgo. El malo está preso y el bueno está vengado. ¿Por qué no concluir con este final feliz y ya?”

Estas dudas son expresadas por el narrador a poco de comenzar: “¿En qué persona gramatical voy a redactar esta cosa? Cuando hable de mi mismo, ¿diré “yo” o diré “Chaparro”? Es tétrico que este escollo baste para detener todo mi brío literario. Supongamos que elijo la tercera persona para el relato. Tal vez sea mejor, para no verme tentado a volcar impresiones y vivencias demasiado personales…. la primera persona me queda más cómoda, supongo, que por inexperiencia. ¡Y qué hago con las partes de la historia de las que no he sido directamente testigo, esas partes que intuyo pero no conozco a ciencia cierta? ¿Las cuento igual? ¿Las invento de pe a pa? ¿Las ignoro?”

Como coguionista, con Campanella, el autor tuvo la posibilidad de rescribir su novela después de varios años. En esta nueva instancia la reestructuraron por completo. Seguramente el director aportó las secuencias cinematográficas, que requieren más concisión y rapidez, mientras que el escritor brindó su conocimiento de los caracteres, adquirido durante la prolongada convivencia con los personajes.

Las diferencias van más allá del título, (en el primer caso: “La pregunta…” y en el segundo: “El secreto de sus ojos”, o del cambio del apellido del protagonista, que en vez de Chaparro se llama Esposito, (¿expósito?).

En general, ambas siguen el mismo esquema narrativo: Benjamín Chaparro/Espósito, al jubilarse en Tribunales, decide escribir una novela y el tema elegido es una violación seguida de muerte, el caso más doloroso entre los que ha investigado, pero también el más cercano a su corazón, ya que el amor del marido de la víctima le   recuerda su amor por Irene, la secretaria de juzgado que luego deviene jueza, a quien adoró en silencio durante 25 años. Ella es la lectora ideal y el regreso le permitirá definir su relación amorosa.

Pero la única coincidencia temporal entre los dos esquemas argumentales, son los once meses de los años 1998/99, durante los cuales el oficial primero Chaparro/Expósito escribe una novela y se reencuentra con Irene.

En efecto, las diferencias entre las líneas temporales son la base del cambio estructural. En “El secreto…” el asesinato ocurre en Octubre de 1974,   (gobierno de Isabel Martínez), el asesino es liberado y Esposito viaja a Jujuy en el 76 y   Gómez es descubierto enjaulado en la casa de Morales en 1996. En la novela en cambio, el crimen ocurre en mayo de 1968 (presidencia de facto de Onganía), Gómez es apresado en 1972 y liberado en el 73, Chaparro se exila en Jujuy en el 76 y Morales y Gómez, mueren en 1996.  

           Los 30 años en los que sucede la novela, se reducen a 25 en el film, para lograr una mayor proximidad entre los sucesos. Una de las consecuencias es que si bien tanto en “La pregunta…” como en “El secreto”, los hechos están agrupados en tres secuencias: 1) el asesinato, 2) apresamiento y liberación del asesino y 3) los meses durante los cuales Chaparro narra los hechos, en el filme quedan más claros dos grupos: el de los acontecimientos y el del tiempo en que se escribe la novela y se consolida la relación amorosa, por lo que la alternancia entre pasado y presente se distinguen con mayor claridad.

A su vez, las diferencias cronológicas obligan o permiten cambios en la trama, entre otros: En “La pregunta”, Sandoval muere de muerte natural y no asesinado, la víctima y el asesino son tucumanos y no de Chivilcoy, quien detiene a Gómez es un guarda de tren, por lo que no ocurre la espectacular escena en la cancha de fútbol y el que lo provoca en el interrogatorio es Sandoval y no Irene. Así mismo, en la novela Morales y Gómez mueren en la casa de campo de Villegas y en el filme son hallados vivos, por lo que el final es abierto.

La novela está dispuesta en capítulos que alternan tres momentos distintos, cambiando a la vez de la primera a la tercera persona. Sin un orden determinado, salvo que los capítulos que llevan título, (¿una reminiscencia de los cuentos?), están en tercera persona y se refieren al proceso de escritura y reencuentro con Irene y los que están numerados están escritos en primera persona y narran acontecimientos ocurridos en dos series de años anteriores, con excepción de los capítulos 13, 19, 24 y 25 en los que el narrador utiliza la tercera persona para narrar acontecimientos que no puede haber visto.

La concisión y la concentración de algunos hechos, consiguen que los acontecimientos sean más contundentes y aumenta la densidad afectiva entre los protagonistas

En conclusión, debido a que el film debió saldar algunas de las imperfecciones que acarreaba la novela, fueron más complicados los inconvenientes que surgen cuando se convierte un   texto en imágenes. A esto se debe, creo, el excelente resultado obtenido.

 

El secreto de sus ojos.

 

Campanella mezcla esos sabores, esos ritmos o energías y obtiene un producto unificado, que funciona plenamente. Una novela negra, humana y subjetiva. El mismo describe el film como “Una historia de amor dentro de un caso policial: romance, suspenso y comedia.”

            Por cuestiones prácticas, (el maquillaje de los actores, que son los mismos a lo largo de 25 años, es complicada y costosa, los escenarios de época necesitan realizarse todos al mismo tiempo, etc), se filmaron primero las escenas en pasado, durante cinco semanas y luego las escenas del presente, que totalizan 25 minutos y se realizaron en dos semanas. El filme logra diferenciar bien las escenas del presente y el pasado, tanto por su ubicación, vestuario y maquillaje, como por los colores utilizados, más fuertes, con gamas de rojo y en otros al límite del verde.

Los primeros minutos son una especie de prólogo o resumen Comienza con la escena de la despedida que está borroneada, como un recuerdo y muestra el momento de quiebre del amor. Inmediatamente aparece Espósito escribiendo, desechando varios comienzos, con lo que se insinúa que parte de lo visto es imaginado. Sigue con las imágenes del homicidio, y luego la escena en la cocina del banco donde se comunica la noticia al marido y donde ya se presenta la faceta metódica, contenida de su personalidad, lo que prepara al espectador para descubrir su costado emotivo e irracional. Al final de este introito ocurre el primer encuentro con Irene, cuando Espósito confiesa “comienzos se me ocurren un montón, pero no se si tienen mucho que ver con la historia”.

            Como en tantas otras escenas, los ojos cuentan una historia y el texto dice otra.

El edificio de tribunales es el ámbito donde se filmaron 40 páginas del libreto, (Debió trabajarse con 3d, para mostrarlo pulido y pintado como estaba en 1973 y no es su estado actual). Simboliza el lugar de la justicia, con la balanza tallada en el respaldar de la silla del juez, los expedientes amontonados, a veces interponiéndose entre la cámara y los actores. La única nota de color persistente en la rosa que está sobre el escritorio de Irene. Me permito intercalar aquí una nota que escribí en los márgenes de la novela: “Su condición de laberinto, de fabela de papeles, con sus estantes atiborrados de expedientes que se desbordan hacia los pasillos y los baños. Símbolo de la comedia y la tragedia de la Ley, en vez de la Ley misma. Un lugar del que nunca se logra salir definitivamente, con olor a polvo y humedad, que da lástima y descorazona”.

Escena del estadio de fútbol: Se filmó en la cancha de Huracán, con efectos de 3D que la convierten en la cancha de Racing Club o la “Academia”. Se llevó a cabo en tres etapas. Primero la mirada rasante con que comienza y que fue realizada con un helicóptero, (algo novedoso, que les permitió probar que no temblaban las imágenes como se suponía). Segundo, las tomas de los 40.000 espectadores, creadas con un softwear que recrea multitudes haciendo que se muevan solas. En la tribuna donde ocurren los hechos se ubicaron seiscientos extras, entre los cuales se encuentran Sandoval y Esposito que descubren al asesino y comienzan a perseguirlo. Tercero. La persecución de Gómez por las escaleras y los baños, que termina en una sensacional caída, (que requirió un doble, y reponer las cámaras que se rompieron durante los ensayos). Las cámaras, dice Campanella   “convierten al espectador   en la tercera persona que persigue a Gómez, la imagen corre, cae y vuelve a correr. Se espera un corte, pero éste no viene durante toda la persecución”.

El interrogatorio: Ocupa quince páginas del guión y su duración es de 12 minutos, en los cuales Irene azuza al acusado poniendo en práctica la justicia con gran inteligencia e intuición.

En las escenas que ocurren en la Estación de Retiro, donde Morales vigila, (esperando, al borde de la locura, la aparición de Gómez, quizás la mejor interpretación de Pablo Rago) y parte el tren que llevará a Espósito a Jujuy. El enorme espacio interior se combina con primeros planos de los ojos, que dan la sensación de individuos perdidos en un mundo gigantesco.

Escena final. “Un buen final debe ser a la vez inesperado e inevitable”, dice un viejo consejo literario que Campanella recreó en una nota hace pocos días. Lo logra con el descubrimiento de Gómez y con la escena entre Irene y Espósito, donde no hay beso, aunque el gesto de soledad Villamil, su sonrisa y su alegría, y la puerta que se cierra para la confidencia, expresan el final feliz

La Música de Federico Jusid, es espléndida, con pocas estridencias y una cadencia particular. En algunas escenas, (como la que ocurre en Chivilcoy, durante la búsqueda de las cartas), en vez de ir en crescendo, disminuye hasta el silencio, que luego se rompe abruptamente.

Ambientación: Francella es un perfeccionista en cuanto a la vestimenta, vehículos y edificios de época. No se conforma con que se parezca, sino que busca que sea “el mismo”. La directora de vestuario es Cecilia Monti, (su mujer), que con gran trabajo logró vestir de época a las muchedumbres.

El personaje Francella/Sandoval es una creación del film. En el libro es mucho menos importante, al punto que se cuenta casi toda su historia en un capítulo y se vuelve a él escasamente. Doble mérito para el director y el actor que recrean un carácter.

Recursos novedosos: Esta película no sólo fue premiada por su argumento y el espléndido trabajo actoral, sino por las novedades y efectos especiales que utiliza, creados con técnicas D3, muchos de las cuales se presentan por primera vez a público norteamericano. La cámara 235, es un elemento fundamental, que permite muchas escenas dobles, donde desde un lugar se ven dos escenarios a la vez y las tomas donde los personajes aparecen a la izquierda, a la derecha, esfumados, etc. Otro recurso es filmar las escenas sin parar, ensayarlas hasta el cansancio, luego ir de corrido, incluso iluminarlas con una luz constante, que permite no detenerse y filmar como un documental, dejando a la intuición de los camarógrafos el acercamiento.

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marceloscelso@yahoo.com.ar

 

1 www.taringa.net/…/SacheriCuentos-de-futbol.html

Lecturas Vitales #1 – Primo Levi

Lecturas Vitales #1

PRIMO LEVI 

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Primo Levi nació en una familia judía asentada en Piamonte desde la expulsión de España en 1492. Estudió ciencias y se doctoró en química en 1941. Dos años más tarde se unió a la resistencia antifascista. Fue capturado y deportado a Auschwitz. Su condición de superviviente de los campos de extermino marcó profundamente su obra. Tras la liberación por el Ejército Ruso, en 1945 y después de una odisea por varios países de Europa oriental, regresó a Turín. Trabajó como químico industrial entre 1946 y 1974. Simultáneamente publicó su primer testimonio: “Si esto es un hombre” que, junto a “La tregua” (1963) y “Los hundidos y los salvados” (1986), conforma la trilogía de Auschwitz. La pesadilla vivida no dejó de acecharlo; acaso para poder seguir viviendo, optó por escribir. Entre sus obras se encuentran “El sistema periódico”, “Historias naturales”, “La búsqueda de las raíces”, “La llave estrella” y “Lilít y otros relatos”.    

El 11 de abril de 1987, los recuerdos dolorosos superaron al deseo de vivir y se suicidó arrojándose al vacío.

primo levi 2 PRO 

En realidad,  Primo Levi murió en el Lager.   Desapareció en las duchas de Auschwitz, como tantos otros, aunque su entrañable amor por la química y la pasión por narrarlo todo lo mantuvieran en vida latente unas décadas más.

Una noche, después de luchar por un trozo de pan,   compartiendo el camastro con un compañero ocasional, (que podía   convertirse en su enemigo o ser arrastrado hacia la muerte por el hambre, la fiebre o el gas.), su alma quedo paralizada, condenada a la repetición del dolor.

Quedó detenido allí, como si hubiera recibido un disparo en medio del pecho. Sus últimos treinta años fueron los pasos postreros de un herido de bala, dirigidos hacia el vano de la escalera por el cual se lanzó por fin.

Fue un arquetipo del hombre que lo ha visto todo, un resultado de la manipulación y el tormento, pero también un hermoso ejemplo de las potencialidades del ser humano que, aún herido de muerte, puede crear belleza, destilando el dolor hasta convertirlo en arte.

primo levi 3 pro

Si esto es un hombre
Primo Levi, 1947

primo levi 4

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,

La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

 

Incógnitas
por Juan Gelman

Dos libros de Primo Levi – Si esto es un hombre (1947) y Los hundidos y los salvados (1986) – lo han convertido en referencia obligada de todo estudio sobre la Shoá. En efecto, en ellos relata su experiencia como prisionero en Auschwitz, adonde fuera deportado por los nazis en 1944, cuando él buscaba contacto con los partigiani. Tenía 28 de edad cuando se publicó el primero y quién sabe si hay otro escritor sobreviviente de los campos de la muerte que haya narrado lo inenarrable con tanta lucidez, economía de medios y agudeza, sostenidas a lo largo de 40 años. Siempre se ha exaltado su visión del infierno concentracionario por exenta de insultos, lamentos y repeticiones del agravio, y vertida en un estilo analítico, meticuloso, clarificador, como guiado por la técnica brechtiana del distanciamiento. Desconfiaba de quienes practican la profecía y de quienes levantan el dedo en posición de víctima. “No soy nada de eso”, dijo alguna vez.
Esta aparente objetividad es atribuida a su formación científica: Primo Levi era químico y en 1961 se desempeñaba en Turín como gerente general de una fábrica de pinturas, esmaltes y resinas sintéticas. Investigaba, sí, pero al ser humano, ese “centauro, laberinto de carne y de mente, de aliento divino y de polvo”. Le gustaba sorprender conversaciones más que participar en ellas, “espiar por un agujerito más que observar panoramas vastos y solemnes… hacer girar entre mis dedos una sola pieza del mosaico más que mirar el mosaico entero”. Es puro esquema considerarlo un mero sobreviviente del nazismo que testimonió con talento: su obra completa, publicada por Einaudi en 1998, muestra a un grande y diverso escritor.
Es curioso que se trate de la misma empresa que rechazó el manuscrito de Si esto es un hombre. El libro apareció en una editorial pequeña y no tuvo mayor resonancia. Sólo un joven escritor de entonces lo elogió con entusiasmo. Se llamaba Italo Calvino. Cuando Einaudi lo reedita en 1958 se convierte en un éxito de proporciones y Primo Levi gana respeto como hombre de letras, aunque ciertos colegas lo califican de menor. Pero su obra –poemas, relatos históricos y de ciencia-ficción, ensayos, cuentos— desborda la etiqueta “crónica” que la acompañó mucho tiempo, es más contradictoria y menos sosegada de lo que se solía suponer. Por lo demás, revela la intensa labor de traducción de Primo Levi –Heine, Kafka, Lévi-Strauss, entre otros– y su empeño en la difusión de autores como Katzenelson, Poliakov y Bruck que padecieron la Shoá.
Primo Levi escribía y reescribía sin pausa, por lo general textos cortos –”agujeritos”– que intercalaba a veces en otros posteriores concretando libros incluso décadas después de su primera concepción. Si esto es un hombre resultó una criatura en la que trabajó de manera constante, revisó la reedición de Einaudi, supervisó su traducción al inglés y especialmente al alemán (1961), la adaptación radial (1964) y la teatral (1966), le agregó notas para la edición de lectura obligatoria en los colegios (1974) y un apéndice motivado por las preguntas más frecuentes de los estudiantes (1976) que fue además materia de muchas páginas de Los hundidos y los salvados. El crítico Alberto Cavaglion juzgó que todo lo escrito por Primo Levi es una glosa de Si esto es un hombre. En semejante apretujón no entraría, por ejemplo, El sistema periódico (1975), 20 capítulos con el nombre de sendos elementos de la tabla de Mendeleiev en que lo autobiográfico se mezcla con lo científico y lo científico construye analogías de índole moral. Sostenida por un flujo de invención que no decae, la escritura de Primo Levi no es la de un aficionado – como y él y algunos otros lo definían –, sino la de un escritor original cuya penetración sintáctica y emotiva parece dimanar de una oscura ansiedad del pensamiento. Primo Levi no fue sólo el cronista del Infierno moderno: también indagó los meandros del yo y del ser. En el prefacio de su libro más “infernal” –Si esto es un hombre– advierte que lo escribió a fin de “proporcionar documentos para un estudio desapasionado del alma humana”. Cuarenta años después este desapasionamiento se disipa en Los hundidos y los salvados: en vez de distancia y ausencia de odio, hay furia. “Nadie –dice– podrá jamás establecer con precisión cuántos del aparato nazi no podían no saber de las atrocidades espantosas que se estaban cometiendo; cuántos sabían algo, pero fingían ignorancia; cuántos tuvieron la posibilidad de saber todo, pero eligieron el camino más prudente de tener ojos y oídos (y sobre todo la boca) bien cerrados.” Y por vez primera pasa del adjetivo “nazi” al gentilicio “alemán”: “… la falta de difusión de la verdad sobre los campos de concentración es una de las mayores culpas colectivas del pueblo alemán, es la demostración más manifiesta de la cobardía a la que lo había reducido el terror hitleriano”. Nunca se sabrá qué produjo esta implosión en Primo Levi. ¿Una rabia latente que se quita la máscara? ¿El deseo de saber que choca contra la imposibilidad de responderse preguntas terribles sobre la condición humana?

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Lecturas Vitales #6 – Rodolfo Walsh

Lecturas Vitales #6 – Rodolfo Walsh

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novela testimonial nonfiction novel ficción periodística

Rodolfo Walsh

“…decidí que, de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía”.

Truman Capote

soy alcohólico, soy drogadicto, soy bisexual, soy un genio. Truman Capote

y algunos otros …

Resumen: Durante muchos años, en las escuelas de periodismo se enseñó que la novela «A sangre fría» (1966), de Truman Capote, era la primer novela realidad, ahora se acepta a “Operación Masacre” como obra inicial y a Rodolfo Walsh como fundador del género.

Este trabajo trata de definir el género, hacer una comparación entre sus dos iniciadores y reseñar algunas de las modalidades que se agregaron con posterioridad.

La novela testimonio tiene la objetividad propia de la historiografía y la subjetividad de la confesión o crónica personal, donde el yo cobra una importancia vital, creando un género literario que mezcla ficción e historia, mediante vivencias personales de un personaje, de forma que se crea una historia valorativa.

Esa interpretación por parte del autor lleva a considerar este género bajo la fórmula ficción + historia, que fue denominada en los Estados Unidos como Faction (Fact + Fiction), literature of facts o Nonfiction novel. El novelista es testigo y generalmente se preocupa más por lo verosímil que por lo estético.

Este género literario aparece en la década de los 70, como contrapartida de la cultura de la objetividad.

La primera publicación del género fue “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh, en 1957, una “ficción periodística” o novela testimonio. Se adelanta nueve años a “A sangre fría” de Truman Capote, generalmente citada como iniciadora del género.

Rodolfo Walsh.

Nació en 1927 en Choele-Choel, Río Negro. Se crió en una familia conservadora de ascendencia irlandesa. A los 17 años comenzó a trabajar como traductor y corrector de pruebas, en la Editorial Hachette de Buenos aires. En 1953 publicó su primer libro de cuentos, “Variaciones en rojo”, con el que ganó el Premio Municipal de Literatura.

En su vida hay un antes y un después de “Operación Masacre”. Una tarde de 1956, estaba jugando al ajedrez en un bar de la Plata, cuando escuchó decir una frase que nunca olvidó: “Hay un fusilado que vive”, en referencia a los fusilamientos de José León Suárez. A fines de ese año, comenzó a investigar el caso y se encontró con una matanza organizada y ocultada por el Estado. Walsh decidió recluirse en una isla del Tigre, acompañado de un revolver. A instancias suyas León Pagano denunció el 23 de diciembre la masacre de José León Suárez y la existencia de un sobreviviente, Juan Carlos Livraga.

Siempre soñó con escribir historias que pudieran leer los obreros, preferentemente cuentos policiales, pero recién lo logró al describir este hecho lamentable de nuestra historia. Su relación con la literatura fue muy especial, pero desde que se reconoció marxista, (soy lento, he tardado quince años de pasar del mero nacionalismo a la izquierda), asumió la literatura y el periodismo como parte de su militancia política.

Apasionado de la investigación periodística y política, Walsh fue uno de los fundadores de la agencia Prensa Latina 2 y trabajando allí interceptó el cable de inteligencia que anunciaba la invasión a Playa Girón, o Bahía de Cochinos.

Desde 1973 militó en la organización Montoneros. En 1974 deja constancia por escrito sus diferencias de concepción y estrategia con la cúpula de la organización, en un último intento de cambiar el rumbo, que, según decía llevaría a una segura derrota.

Bajo el golpe de Estado encabezado por Jorge Videla, crea la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA). “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.”

En 1976 mueren en un enfrentamiento su hija Vicki y su amigo, el poeta Paco Urondo. El 24 de marzo al cumplirse un año de la dictadura, envía su famosa “Carta Abierta de un escritor a la Junta militar” a las redacciones de los diarios, y ninguno la publica. El 25 de marzo Walsh es secuestrado y muerto por un grupo de Tareas de la ESMA.

La muerte detiene la obra de un escritor en un punto. Divide en dos lo que hasta el día anterior el autor concebía como un totum. Cualquier sea el momento en que ocurra, lo tome en la cama, esquiando, o bebiendo, de un lado queda su obra terminada, corregida, editada, del otro, lo que pudo ser, descansa en los apuntes, las páginas inconclusas, los diarios y las tarjetas con citas.

Cuando un escritor muere en la plenitud de su vida, en la plenitud de su tarea literaria, como Rodolfo Walsh, este punto de inflexión es más incisivo, deja más incógnitas, entre ellas, en mayúsculas, la pregunta: ¿Cómo hubiera sido su obra completa? Nunca lo sabremos.

Sin embargo algo podemos suponer analizando lo que ya había publicado. Era un escritor lúcido, el único que describió ambas puntas de la sociedad argentina, los poderosos y los humildes, el coronel del cuento “Esa mujer” y los que creyeron en esa mujer, los personajes de barrio, de villa miseria, que intervienen en otras de sus obras. Quiso escribir para las mayorías, y como muchos escritores americanos y europeos, utilizó el cuento policial para lograrlo, la incógnita que se va develando en una trama que utiliza para decir verdades de a puño.

¿Quién mató a Rosendo?

Escrito a partir de notas publicadas en el semanario de la CGT. La trama, el tema aparente, es la muerte de Rosendo García, un matón y capitalista de juego. Pero en profundidad, trata el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955.

Utiliza los testimonios de los que sobrevivieron al tiroteo de la confitería Real de Avellaneda en el que murió García y el expediente judicial.

En el prólogo Walsh dice «La publicitada carrera de los dirigentes gremiales cuyo arquetipo fue Vandor tiene su contrafigura en la lucha desgarradora que durante más de una década han librado en la sombra centenares de militantes obreros. A ellos, a su memoria, a su promesa, debe este libro más de la mitad de su existencia.

El caso Satanovsky, 1973

Aunque la primera edición es de 1973, trata hechos acaecidos e investigados por el autor 15 años antes. Revela la corrupción durante el gobierno de Frondizi. Un grupo para-policial armado por los servicios, intenta manipular la propiedad del diario “La Razón”. Involucra a generales, jueces y políticos que lamentablemente quedaron impunes.

Truman Capote:

En 1959 el crimen entró como un huracán en la tranquila vida de Holomb, Kansas, donde fue asesinada una familia completa, los Clutter. La sociedad norteamericana respondió con sorpresa, temor y desconfianza, ante un crimen que demostraba que cualquiera podía morir asesinado en cualquier momento.

Esto diseminó una paranoia en el lugar y atrajo a todos los medios del país.

Capote fue enviado por The New Yorker. El autor reconstruye desde el día anterior al suceso, el pueblo y las vidas de las cuatro personas asesinadas (Hurbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter) La familia Clutter, era el arquetipo del sueño americano en los años cincuenta: prósperos agricultores de un pequeño poblado de mayoría metodista. Tenían buen pasar eran trabajadores, sanos, no tenían aparentes enemigos y asistían regularmente a los servicios dominicales.

Los asesinos, Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, eran convictos bajo libertad condicional que creían que en la casa de los Clutter hallarían una caja fuerte con dinero. No la hallaron, pero asesinaron a los padres y a sus dos hijos adolescentes. Anduvieron a la deriva hasta que fueron arrestados.

Fueron condenados a la horca en 1960, pero se impugnó el veredicto alegando injusticia en el proceso y se volvió a abrir el caso hasta que en 1965 se cumple la condena, tras un largo proceso.

Junto a la escritora Harper Lee, autora de Matar un ruiseñor, Capote entrevistó a la policía y a conocidos de los Clutter, aún antes de que se supiera el nombre de los sospechosos. De ahí salieron miles de páginas de anotaciones. Capote tuvo que ganarse la confianza de todos los testigos y habitantes del pueblo. En un principio, por su actitud estrafalaria y extravertida, como por su condición de homosexual, le fue difícil.

Narrada en tercera persona omnisciente, A sangre fría tiene un increíble realismo y la conjunción de una narrativa tradicional con un reporte periodístico. Capote definió al libro como perteneciente a un nuevo género, “Nonfiction Novel” o “Novela testimonio”

Truman Capote tuvo una extraña relación con uno de los asesinos, entre la empatía profunda, el enamoramiento, varios intentos de ayudarlos y el deseo inconfeso de que por fin fueran ajusticiados. serios problemas de alcoholismo y drogadicción que lo llevaron a su destrucción.

Varias películas se han ocupado de la novela: A sangre fría, director Richard Brooks, (1969), y del proceso de su creación: Capote, (2005), por la cual Philip Seymour Hoffman ganó un Óscar, e Infamous (2007).

La obra tardó seis años en ser publicada, ya que debía terminar con la ejecución de los asesinos. Capote sufrió depresión y ansiedad por el dilema moral que implicaba su deseo de publicar el libro y la muerte de los dos asesinos, que le consideraban su amigo y benefactor.

“A Sangre Fría” se convirtió en la novela modélica del periodismo de investigación, entre el reportaje y la narración. Como narrador omnisciente y utilizando las técnicas que había aprendido como guionista cinematográfico, Capote presenta los hechos y sus protagonistas en escenas breves y dinámicas.

Es un magnifico ejemplo de combinación del uso de las técnicas periodísticas con las literarias. Conduce al lector a los lugares más recónditos de la personalidad, mostrando como dos individuos olvidan su condición humana y se transforman en bestias, aunque el autor trata de justificar esas actitudes a partir del relato de la vida anterior de los asesinos.

Capote logra hacer, de un hecho policial, una novela que muestra una completa radiografía de la sociedad norteamericana.

Otras:

Un millón de muertos de José María Gironella, 1964.

Es la segunda parte de la tetralogía sobre la guerra civil española. (Los cipreses creen en Dios), la Guerra Civil (Un millón de muertos) y la posguerra (Ha estallado la paz).

Por la mixtura entre realidad y ficción y la utilización de términos y técnicas periodísticos, puede ser considerada como un antecedente de la novela/realidad. Fueron editados durante las décadas de los 50 y los 60, por lo que muchos dirían que es una obra desfasada, pero sin embargo, tiene una gran actualidad.

La obra de José María Gironella ofrece una perspectiva humana y sentimental de la guerra civil. En esta gran novela de testimonio, en la cual todos son humanos, y todos son victimas, aparecen retratados todos los personajes del momento, con su significación política. A pesar de ser una obra escrita bajo periodo franquista, en la cual el dictador y el bando “nacional” se ven favorecidos, muestra personajes humanos y carismáticos, que sufren y lloran por las desgracias que causó la guerra. Desde el anarquista libertario, hasta el falangista “fascista”. Desde el comunista guiado desde Moscú, hasta el requeté navarro. Socialistas, trotskistas, curas, monjas, nacionalistas catalanes (la obra transcurre en Gerona), militares, obreros, médicos y masones. El propio Durruti aparece comandando su columna hacia Zaragoza tanto como las brigadas internacionales. Todas las ideologías tienen protagonismo, con sus pros y sus contras. El relato incluye la muerte de José Antonio Primo de Rivera, el bombardeo a Guernica, la muerte de García Lorca, el exilio republicano y la batalla de Madrid. Todo ello argumentado por los propios protagonistas, muchos de ellos de existencia real, utilizando expresiones que parece mentira que no fueran prohibidas por la censura.

“Los ejércitos de la noche”, de Norman Mailer, 1968.

Esta novela relata la Marcha pacifista sobre el Pentágono, en 1967. Con ella su autor ganó el Premio Pulitzer y el National Book Award.

Está estructurada en dos partes. La primera, con forma de narración, relata la experiencia del propio Norman Mailer desde que es invitado hasta que el liberado después de la manifestación. En la segunda parte adopta el tono del historiador/cronista para explicar la génesis de la marcha, su desarrollo, la represión contra los manifestantes y las consecuencias. Son muy interesantes los comentarios acerca de las escisiones de la izquierda y las dificultades para aglutinar a las distintas facciones que se oponen a la guerra, desde los pacifistas hasta los partidarios de los disturbios y la desobediencia civil.

Para Mailer la guerra de Vietnam era una aberración moral, un error geoestratégico y significaba un avance del totalitarismo en EE.UU.

La Marcha tenía como objetivo quemar las cartillas de reclutamiento. El fuerte dispositivo de seguridad, se contrapone a los medios de que disponían los manifestantes, entre otros: flores, pistolas de agua y un gas que, rociado sobre los policías, los obligaría a desnudarse y a hacer el amor. Por su parte, los hippies pretendían exorcizar al Pentágono, rodeándolo con una cadena humana, para que se elevase y comenzara a dar vueltas y así se desprendiera de las malas vibraciones.

Soldados de Salamina, de Javier Cercas.

Novela testimonio, escrita en primera persona, el título sólo tiene una relación metafórica con la batalla en que los atenienses vencieron a los persas.

El núcleo central es la figura de Rafael Sánchez Mazas escritor e ideólogo de la Falange Española, y en particular el episodio en que escapó de su fusilamiento. Cuando la Guerra Civil estaba acabando, las tropas nacionales avanzan hacia Cataluña y los republicanos se retiran, arrasando puentes y vías de comunicación. Sánchez Mazas está preso y consigue escapar de un fusilamiento colectivo. Un soldado republicano, lo encuentra, lo encañona pero le perdona la vida. Sánchez Mazas se esconde, y consigue la ayuda de un grupo de payeses, a quienes a su vez él ayudará una vez acabada la guerra. El autor, Javier Cercas, se convierte en personaje de su propia novela, como un periodista que investiga este suceso para escribir un libro.

Cercas se obsesiona con la búsqueda del soldado que salvó la vida de Sánchez Mazas y otro escritor le pone en la pista de un anciano que vive en Francia, que luchó con la República y estuvo en Cataluña en el momento del fusilamiento Cercas cree que éste podría ser el soldado que respetó la vida de Sánchez Mazas. El libro tiene un final abierto, sin que el lector sepa si es no quien lo salvó, un soldado que estuvo allí o un personaje ficticio creado por el autor.

También pueden incluirse:

“Hasta no verte Jesús mío” de Elena Poniatowska y “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez.

CONTACTO CON EL ESCRITOR:

marceloscelso@jahoo.com.ar

marceloscelsowordpress.com

Paseando con Romeo y Julieta. Diario de viaje (2013)

Paseando con Romeo y Julieta.
Diario de viaje 2013. Verona.
Marcelo Scelso.
Verona
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Cumpliendo un viejo deseo, tomé el tren hacia Verona. Durante el viaje recurrí a la guía turística, que comenzaba por resumir al máximo el argumento de “Romeo y Julieta”: “Chico conoce chica, mal momento, lugar equivocado, añada un balcón y una disputa entre familias y los ingredientes dramáticos para una tragedia desgarradora están listos”.
Verona es una de las ciudades más prósperas del norte de Italia y tiene un importante patrimonio arquitectónico, pero mi visita estuvo centrada en los lugares descriptos en la obra de Shakespeare.
A la Verona actual, se impuso la ciudad trágica, donde la sangre corría por las calles y cada casa era una fortaleza. Me sentí en la Italia del siglo XIV, donde ardían las discordias y los odios se heredaban junto con el patrimonio. En medio de esas luchas furiosas nace el amor. “El paraíso está a la sombra de las espadas”, dice el Corán.
Si bien las familias Montesco y Capuleto existieron, no se sabe a ciencia cierta si estuvieron enfrentadas. Dante las ubicó en el purgatorio, haciéndolas disputar por intereses comerciales y políticos. Algunos hablan de un amorío tormentoso que sucedió a principios del siglo XIV, pero sin especificar nombres.
La persistencia de las imágenes creadas por Shakespeare confirma el valor imperecedero de las palabras que, utilizadas en una charla, un artículo periodístico o un manual del usuario, mueren al nacer, pero bellamente ordenadas se vuelven eternas. ¿Cuántas palabras suman las cien escasas páginas de “Romeo y Julieta”, treinta, cuarenta mil, quizás? Pero son inmortales, como los personajes y los escenarios donde ocurre la trama.
Fui caminando hasta la plaza y de allí hasta vía Cappello 23, donde está la casa atribuida a la familia Capuleto. En el pequeño campo que está al frente, se yergue la estatua de bronce de Julieta. Toqué su seno reluciente, porque la leyenda dice que haciéndolo, el viajero regresará a Verona o encontrará el verdadero amor.
Aquí, supuestamente, ocurre la escena del baile, al que Romeo acude sin invitación, esperando encontrar a Rosalina, que no le corresponde. En cambio descubre a Julieta. Ni bien sus miradas se encuentran, se enciende el amor y Romeo exclama:

“¿Corazón, has amado alguna vez?
¡No! Juradlo, ojos míos;
hasta este día no había visto
la verdadera belleza.”

Desde esa primera mirada, la suerte está echada, los dos seres predestinados a amarse se han reconocido, se han ofrecido y se han aceptado. Se lanzan al encuentro, cruzando el río de sangre que separa sus familias. No son dos extraños que acaban de conocerse, sino dos prometidos por el destino. El beso que se dan sella un pacto. En ese primer encuentro valiéndose de una metáfora que incluye las palabras “santo” y “pecado”, Romeo evalúa los sentimientos de la niña. Ella podría fingir que no lo comprendió, para que el pretendiente pueda retirarse sin perder su honor, en cambio, participa en la metáfora instándolo a seguir:

Romeo: (tomando la mano de Julieta)
“Si con mi mano, por demás indigna
profano este santo relicario,
he aquí la gentil expiación:
mis labios, como dos ruborosos peregrinos,
están prontos
a suavizar con un tierno beso
tan rudo contacto.
Julieta: El peregrino ha errado la senda
aunque parece devoto.
El palmero sólo ha de besar
manos de santo.
Romeo: Pues oídme serena mientras
mis labios rezan, y los vuestros
me purifican. (La besa)
Julieta: En mis labios queda
la marca de vuestro pecado.
Romeo: ¿Del pecado de mis labios?
Ellos se arrepentirán
con otro beso.” (Torna a besarla). (V/ 1).

En el primer piso de la casa sobresale el balcón, (uno puede soñar que es el de la historia), aunque sea pequeño y falten las enredaderas. Aquí, Romeo, oculto en el jardín, escucha secretamente a Julieta, que confiesa su amor:
“Sabes bien que la noche con su máscara
me cubre; si no, me sonrojaría
por lo que acabas de oírme decir.
Quisiera ser más cauta y desdecirme
de lo dicho; mas, ¡basta de cumplidos!
Di, ¿me quieres? Ya sé que dirás “si”. (II/1)

Haciendo que el amante escuche escondido el soliloquio de su amada, el autor logra acelerar la secuencia del cortejo. Los enamorados evaden parte del proceso, descubriendo sus sentimientos mutuos y asumiendo el matrimonio en una sola noche. Se inicia allí este hermosísimo diálogo:

Romeo: “Señora, yo te juro por la luna
que corona de plata estos frutales…
Julieta: No jures, ay, por la inconstante luna
que cambia cada mes de trayectoria,
no vaya a ser tu amor tan poco estable.
Romeo: ¿Porqué he de jurar?
Julieta: No jures nada;
o si quieres jurar, jura por ti,
que eres el dios de mi veneración
y yo te creeré”(II/1)

En este balcón, culmina también la segunda separación de la pareja, luego de la noche de bodas:
Julieta: “¿Quieres marcharte ya? Aún no es de día:
no era la alondra, sino el ruiseñor,
el que horadó tu oído temeroso;
canta en aquel granado cada noche.
Créeme, amor, ha sido el ruiseñor.
Romeo: Era la alondra, la que anuncia el alba,
no el ruiseñor. Los rayos que engalanan
esas nubes, celosos, las separan.
El día jovial, apaga las candelas
Y asoma tras la niebla de esos cerros.”(III/5)

Del otro lado de la calle está la casa donde reciben las cartas a Julieta. La primera, que llegó en 1937, relataba penas de amor y su remitente, convencido de que ningún cartero precisaría más señas para dar con la destinataria, escribió en el sobre: “Julieta, Verona”.
75 años después, la ciudad recibe unas ocho mil misivas al año en las que almas solitarias, corazones rotos e incluso damas y caballeros de vida afortunada, describen sus cuitas a la doncella.
En una pared están suspendidas miles de ellas. Cartas como la de Miriam, de Escocia: “Querida Julieta: Ya no espero a mi caballero con brillante armadura, pero muchas veces sueño que un día un extraño entrará por la puerta y me llevará lejos”, o Jeanne de Francia: “QJ: Estoy casada con un hombre encantador que me colma de regalos, pero no lo amo”. Casi todas están escritas a mano y casi todas son de mujeres.
Quince secretarias infatigables, amigas, consejeras y doctoras, en partes iguales, las contestan basándose en sus propias experiencias amorosas. Giovanna, la más antigua, dice: “Somos un poco como curas o psicólogos. Firmamos las cartas, no con nuestros nombres sino con el de Julieta”.
Este lugar, la hermosa convivencia entre las visitas y el cuerpo de voluntarias, a inspirado una película: “Cartas a Julieta”, protagonizada por Vanessa Redgrave y Amanda Seyfried y Gael García Bernal.
Al salir revisé nuevamente el muro. Hay algunas misivas más interesadas, como la de Anna, de Alaska: “¿Podrías bendecirme con una apasionada historia de amor que dure para siempre?”; Ruth, polaca, es más profunda: “El hombre de mis sueños es amable, poético y valiente. Quizás sea mucho para mí. Pero, ¿no se trata de eso el amor?”.

Eran la doce, (“La manecilla de la esfera ya está rozando las partes del mediodía”.II/3). Hice algunas compras y salí de la ciudad por una calle angosta. A medida que raleaban las casas, crecía el campo. Me detuve en lo alto de una colina desde donde podía ver el meandro que hace el río Adige en torno al casco urbano y la Piazza delle Erbe, con su afilada torre. Me deje caer y apoyé la espalda en el tronco de un roble. Saqué de la mochila dos sándwiches de queso, una gaseosa y la edición de bolsillo de “Romeo y Julieta” que acababa de comprar. Moviéndome un tanto a izquierda y derecha, llegaba a ver el Anfiteatro y el castillo Scaligero (la tragedia sucede en el apogeo, durante la señoría de los Scaligeri, entre 1260 y 1387).
Aún se descubren rastros de las cuatro vías consulares que en la plenitud del imperio confluían allí. Imaginé a los bárbaros, sobre sus caballos velludos y bajos, entrando al galope por las mismas vías, cuatro siglos después.
A medida que leía, advertía que William tocó casi todos los temas en esta obra: la bondad y la maldad humana; el destino y el azar; el amor, el sexo y la muerte; el castigo que conlleva la enemistad entre familias; la luz y la sombra como una metáfora del amor y el odio.
A la vez, “Romeo y Julieta” es una historia fuertemente erótica, donde el odio provoca pasión y lo difícil y lo prohibido es hot. Bien podría servir de argumento para una fotonovela, las porno encubiertas de Corín Tellado y hasta de Las 50 sombras de Grey.
De regreso, entré en el cementerio, donde un cartel anuncia la “tumba de Julieta”. Nuevamente la razón me dictaba que era imposible que existiera, pero la imaginación y el deseo me incitaban a creer en la leyenda.
Romeo llega a la cripta en el último acto de la obra. No recibió el mensaje del fraile y ha sido informado, en cambio, de la muerte de su amada. Trae el veneno que compró al boticario. Al llegar, encuentra a Paris, que ha llorado sobre el cuerpo inerte de Julieta, luchan y el conde es muerto. Convencido que su amada está muerta, Romeo bebe el veneno diciendo: “La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso”, “¡Ojos, brazos y labios, despedíos! (V/5).
Al despertar, Julieta se encuentra con el cadáver y se atraviesa el corazón con la daga de su esposo exclamando:

“¡Oh, feliz daga!
Este es tu filo.
Corróeme entonces,
y déjame morir”.

Comí en la trattoria L’amore: Lasagna, pan negro, un buen vino tinto. Salvo la soledad, todo estaba bien. Mientras comía terminé de leer “Romeo y Julieta”. Cuando tomé el último vaso de vino, el texto estaba subrayado en varias partes y los márgenes repletos de notas. Transcribo algunos apuntes que tomé entonces, algo desordenados:
En “Romeo Y Julieta” encontramos varias novedades, que demuestran que en esta obra temprana, Shakespeare ya tenía gran habilidad como dramaturgo:
La trama es “absolutamente moderna”. A partir de la disputa callejera entre los Montesco y los Capuleto, nos sorprende la aceleración del drama, su impulso cada vez más impetuoso.
Fluctuaciones entre comedia y tragedia, por ejemplo: durante el juego de palabras entre Romeo y Mercucio, antes de que llegue Teobaldo. También cuando Romeo es desterrado, y no ejecutado y hasta la última escena en la tumba, los amantes podrían salvarse. Estos cambios sirven para enfatizar el final, cuando la última esperanza ha quedado descartada.
Uso de sub-tramas para adornar la historia.
Utilización de distintas formas métricas: se inicia con un prólogo de catorce líneas en forma de soneto narrado por un coro. Romeo que se va haciendo más experto en el uso del soneto mientras avanza la trama, lo utiliza para expresar su amor en la escena del balcón. La nodriza usa el verso suelto, con tendencia al lenguaje coloquial.
El autor utiliza las formas métricas de acuerdo al personaje y a la escena. La mayor parte de la obra está escrita en verso blanco, aunque a veces utiliza estrictos pentámetros yámbicos.
Frecuentes oposiciones entre la luz y la sombra. Por un lado el sol, la luna, las estrellas, el brillo de los puñales y el fulgor del amor joven y por el otro la noche, la lluvia, la neblina y el humo, el odio, el desencuentro, compañeros de la muerte. Desde que Julieta y Romeo se miran, se reconocen como una manifestación conjunta de la luz en un entorno oscuro. Él la describe como “una joya destellante en medio de la noche” y “un ángel iluminado entre nubes oscuras”. Incluso cuando ella está sobre la tumba, aparentemente muerta, exclama: “Tu belleza hace / de esta bóveda un lugar lleno de luz”. Ella, por su parte, describe a Romeo como: “el día en la noche” y “más blanco que la nieve en el lomo de un cuervo”. Este contraste de luz y oscuridad simboliza el amor y el odio, la juventud y la madurez, al punto que la tragedia ha sido descripta como: “una luz en medio de una oscuridad, producida por el odio que los rodea”. Todas las escenas relativas a la pareja suceden de noche, mientras que la contienda y los duelos de familia se cumplen a pleno día. Al final, la mañana se ensombrece y el sol está ocultando su rostro de tristeza.
La percepción del tiempo juega un papel importante en el lenguaje y la trama de la obra. Los amantes luchan por mantener un mundo imaginario, ajeno al transcurso del tiempo, frente a las duras realidades que los rodean. Desde un comienzo son catalogados como “un par de enamorados con estrellas opuestas” (Star-crossed lovers), de acuerdo a la idea de que las estrellas se movían en el cielo trazando el destino de las vidas humanas.
“Romeo y Julieta” se desarrolla en entre cuatro y seis días, en una carrera hacia la perdición. Al final, la única manera en que pueden vencer al tiempo es con la muerte, que los vuelve inmortales.
En la época de Shakespeare, las obras teatrales eran representadas usualmente a mediodía, a plena luz. Esto obligaba al autor a utilizar palabras que crearan la ilusión de la noche y hace que sus personajes se refirieran a los días de la semana y las horas trascurridas para que la audiencia advierta el paso del tiempo.

Decidí pasar la noche despierto, consumando un sencillo homenaje. Cuando salí de allí, en la noche clara, estaba impávida la luna. Volví a la casa del balcón y encontré varios jóvenes que se habían propuesto lo mismo.
En el aire fresco de la noche, se escuchaban temas de B.B. King, trozos del aria de Aida, gritos y aplausos que venían de la Arena de Verona. Fue uno de los anfiteatros más importantes del imperio y el mayor después del coliseo romano. Como ocurría en la antigüedad clásica, se realizaba un espectáculo popular, en este caso, una rara combinación de rock, ópera, alcohol y drogas. Todo de acuerdo con la versión de “Romeo y Julieta” de la Royal Shakespeare Company, ambientada en la Verona moderna, donde las navajas reemplazaron a las espadas, el baile formal se cambió por una fiesta de rock y Romeo se suicidaba con una aguja hipodérmica.
Viendo a los jóvenes que me acompañaban, reflexioné acerca de una afirmación del conde Paris: “Estos tiempos de aflicción no permiten ningún momento para cortejar”, (IV/3). No como algo dicho en el Siglo XIII y que ocurre en una obra teatral, ni siquiera como una de las tantas frases profundas y geniales de Shakespeare, si no como algo que sucede en la actualidad, en mi vida y en la de tantos otros.

Amaneció: “La aurora de ojos claros se ríe de la noche/coloreando las nubes de oriente con el sol.”
Me asomé al interior de un aljibe que habíamos visto con Mónica en nuestro viaje de bodas. Me alegró hacerlo, porque en aquella oportunidad, hace más de treinta años, estaba rebosante de jeringas, pero ahora no había nada de eso y estaba muy pulcro.
A las ocho de la mañana tomé el tren hacia Ancona, en la costa del Adriático. Mientras me alejaba, fui recordando algunas de las versiones de “Romeo y Julieta” que conocía.
Empezando por “West Side Story”, que la transporta a la Nueva York de los años 50, convirtiendo en pandillas a las familias rivales.
Después las puestas de la Comedia Cordobesa y la de Ulloa, en el Teatro San Martín de Buenos Aires que presencié en mi adolescencia.
Cuando vi la versión de Franco Zefirelli, protagonizada por Leonard Whiting y Olivia Hussey, él tenía 18 años, Olivia 15 y yo 20. Éramos tres para soñar en el amor.
Por último, la adaptación de Baz Luhrmann: “Romeo + Julieta”, con Leonardo Di Caprio y Claire Danes, situada en una sociedad violenta y superficial, que no me gustó mucho.
Cuando el arrullo del tren lograba dormirme, recordaba el tema “The Star-Crossed Lovers” de Duke Ellington:

“ …. Esta noche voy a ser tu Romeo,
¿no quieres ser mi Julieta?
Si pudiera escribirla nuevamente,
tú y yo no volveríamos a morir…”

Hemingway, el todo y la nada

Hemingway, el todo y la nada.
Marcelo Scelso. 29/V/ 2014.
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Ernest Hemingway

Un hombre alto, jocoso, con bigotes. Este es Ernest Hemingway, descripto a su manera, minimalista y contundente. Pero siguiendo la modalidad de sus retratos, que comenzando por las características físicas, continúan con la vestimenta y terminan trazando los rasgos de la personalidad, bien podemos agregar: vestía pantalones vaqueros, camisa leñadora y gorra de beisbol, era aficionado al boxeo, la caza, la pesca, el sexo, el alcohol y la literatura y también un tierno, un hombre solidario y un indagador de su propia vida.
Nació en Illinois, cerca del lago Michigan y de ese lugar provienen sus primeras y duraderas predilecciones: la vida sencilla, el alcohol, su cuaderno de notas y los deportes.
Como a tantos escritores de su generación, le bastó el título de bachiller para conseguir su primer trabajo: reportero en un periódico local.
En 1917 fue a la guerra europea como voluntario en ambulancias y estuvo en el frente italiano. Herido y curado en el hospital de Milán, regresó a otros frentes. La guerra cambió su apreciación de la vida, como deja ver su novela “Adiós a las armas”
Al finalizar la guerra se instaló en París, junto a Gertrude Stein, Ezra Pound, Ford Madox Ford y tantos otros. Quería aprender el oficio de escritor, también deseaba aprender amar, una materia que se llevó al marzo del cielo, o del infierno.
Tuvo muy poco éxito inicial. Las editoriales le rechazaban los manuscritos, a los que catalogaban de sketches y anécdotas, con cartas amables, pero terminantes. No hay nada nuevo bajo el sol, nunca han tenido olfato para las obras maestras.
En París escribió “El sol también se levanta”, donde demuestra poseer los medios técnicos que utilizará en el futuro: retratos precisos: “Estaba hecha de curvas, como la quilla de un yate de carreras y aquel jersey de lana no dejaba ignorar ninguna” y una temática que mezcla lo superficial y lo profundo: pinta la fiesta de Pamplona como una orgía sagrada, en la que los americanos se lanzan de cabeza, con la esperanza de exorcizar la nada, aunque sea por unos días.

En 1932 viajó con Pauline, su segunda mujer, a Nairobi y Kenia. Juntos cazaron leones, búfalos y rinocerontes. De noche, en el campamento, el guía les contaba anécdotas sobre la caza.
Como resultado de esa excursión consiguió, entre otros trofeos, un libro: “Las verdes colinas de África”, (diario en el cual anota lo que ve, y hace reflexiones literarias) y dos de sus mejores relatos, que la revista Esquire publicaría en 1936:
En “Las nieves del Kilimanjaro”, una pareja que estaba cazando, espera angustiada un camión o un avión que los rescate, porque Harry, el marido, tiene una pierna engangrenada. Mientras agoniza, rememora cómo ha malgastado su vida y se culpa por haberse dejado tentar por la riqueza y el placer, sin cumplir su destino de escritor.
“El mismo había destruido su talento. ¿Iba a culpar a su mujer por tenerlo bien atendido? El había destruido su talento al no utilizarlo, traicionándose a sí mismo y a lo que creía, bebiendo hasta el punto de embotar la agudeza de su percepciones, por indolencia, por pereza, y por esnobismo, y por orgullo, y por prejuicio, por una cosa o por otra.”
El título del cuento, la descripción de la sabana, el hecho de que sea suficientemente riesgoso como para que el rasguño se convierta en una gangrena y la presencia de buitres (pajarracos) y hienas, ubican al lector en Tanzania, sin necesidad de nombrarla.
Harry reflexiona acerca de su fracaso, mientras siente la cercanía e intuye la presencia de la muerte:
“… había apoyado su cabeza en el pie del catre y el podía oler su aliento.
-Nunca te creas eso de la guadaña y la calavera- Le dijo él – Lo mismo pueden ser dos policías en bicicleta, o un pajarraco. O puede tener el hocico ancho, como una hiena”
Sin autocompasión, sometiéndose al destino, habiendo “quemado la grasa que envolvía su alma”, se arrepiente de la pérdida de tiempo que ha significado el amor, el dinero y las diversiones.
Es la vista del enfermo, desde su camilla, la que nos deja ver la pradera, la selva y los animales acechantes.
El carácter ciclotímico de Harry en su agonía, el maternalismo con que lo trata Helen, su posición social y el resto de sus peculiaridades surgen de los diálogos que ellos mantienen.
“-Si no hubieras dejado a los tuyos, a tu maldita familia de Westbury, Saratoga y Palm Beach para unirte a mí…
-¡Bueno, yo te amaba. Eso no es justo. Y te amo ahora. Siempre te amaré. ¿Es que no me amas?
– No- dijo el hombre- No creo. Nunca te he amado”
En “La breve vida feliz de Francis Macomber”, una pareja que se acerca al otoño y el cazador profesional que los guía, conforman un triángulo inestable y finalmente trágico.
Macomber, hiere a un león, pero cuando debe rematarlo, huye cobardemente. El cazador profesional soluciona el problema de un tiro. El marido les pide disculpas a sus compañeros de casería y su mujer se conforma siéndole infiel esa misma noche.
Hemingway transmite con diálogos y monólogos interiores, las emociones que experimentan las personas y animales en un safari.
Un hombre le teme al león “la primera vez que ve su rastro, la primera vez que lo oye rugir y la primera vez que se enfrenta a él”, reza un refrán. Macomber cumple con el ritual del miedo, pero por fin se convierte en un hombre valeroso.
Siendo consciente de su cobardía quiere redimirse. Ha conocido el miedo, un “miedo frío y hueco en su interior”, pero en su segunda oportunidad, aprecia la grandeza del valor: “No creo que nunca más vuelva a tener miedo. Algo me ocurrió cuando vi al búfalo por primera vez y corrí tras él”.
Lo que percibe el león al ser alcanzado por las balas, va más allá de lo meramente táctil: “…oyó un seco estampido y sintió el golpe de una sólida bala 30-06 de 220 gramos, que le mordía el flanco, y la ardiente y repugnante brecha abierta en su estómago. (…)” La combinación entre el adjetivo ‘repugnante’ y la referencia al estómago del animal genera una sensación gustativa de la herida, que se incrementa en el segundo impacto: “…sintió el golpe en sus costillas inferiores y la boca se le llenó de pronto de sangre caliente y espumosa.”
El esposo realiza la experiencia iniciática que en las tribus de áfrica permite a los adolescentes convertirse en hombres al matar su primer león y experimenta “una salvaje e irrazonada felicidad como nunca la había conocido antes”, y una transformación radical: “El miedo se marcha como por una operación quirúrgica y algo ocupa su lugar”.
Al día siguiente los tres salen a cazar búfalos. El marido se siente seguro, arremete la caza de una manera que sorprende a sus compañeros. Cuando están por regresar, un búfalo herido carga sobre ellos y su actuación es nuevamente estupenda, permanece impertérrito y remata al animal.
La mujer dispara desde el coche y mata a Macomber. Algunos críticos opinan que la mujer no soporta que su marido se libere de la cobardía, otros, que desea al guía, los restantes, que ha fallado el tiro. Lo cierto es que el lector no sabe a ciencia cierta si el final de Macomber es un accidente, o un asesinato.
La “breve vida” de Macomber, dura desde que pierde el miedo, hasta que su mujer le vuela la cabeza. Esas pocas horas son suficientes para que
En estos cuentos Hemingway emplea el mismo método para describir personajes, lugares o escenas. Utiliza pocas valoraciones subjetivas en tercera persona y se dedica a puntualizar elementos que, por su sola mención o descripción concisa, dan a conocer el carácter y los sentimientos de los personajes.
El narrador no trasmite sus impresiones y omite los detalles que sólo él puede conocer. Se limita a tomar nota de los rasgos que resultan de la simple observación. Describe a los personajes objetivamente, sin intervenir, seleccionando algunas características físicas y del comportamiento y cuando realiza una valoración subjetiva, no se hace cargo, sino que por intermedio de otros.
De acuerdo a lo que luego se llamó la ‘teoría del iceberg’, lo omitido permanece en el texto, pero debajo de la superficie.
Utiliza las conversaciones para brindarnos la clave de la trama y mostrar las características más intimas de los personajes. Los sucesos y la acción terminan de describirlos y de recrear el espacio físico en el que suceden. Sus tramas están llenas de silencios, omisiones significativas y datos escondidos que el lector debe resolver.
El conocimiento de la muerte constituye para Hemingway una de las formas más altas de la sabiduría. Se necesita que el hombre sepa morir: es la prueba que decide la victoria o el fracaso de todo lo que existe. Sus personajes, ya sean toreros, boxeadores, soldados, cazadores, en general seres al límite de la presión, se enfrentan frecuentemente a la muerte. En estas narraciones, la caza se convierte en un rito para exorcizar la nada.

En la breve narración: “Un lugar limpio, bien iluminado”, no sucede casi nada, sólo la breve conversación entre dos camareros en un café español. Hablan sobre un cliente que está sentado solo y bebe coñac, sobre la hora de cierre. Pero en su brevedad y simplicidad, el impacto de la obra es tremendo. Es una ojeada sobre la vida, que hace vislumbrar al lector, la tragedia de la soledad humana.
Presenta tres personajes, un viejo cliente del café, borracho y sordo, que bebe hasta altas horas de la noche, un camarero joven, que está apurado por volver a la casa, porque allí le espera su mujer y otro, que es mayor y no tiene quien lo espere y que por lo tanto no aprueba la decisión de su compañero de hacer que el viejo cliente abandone el café.
Ninguno de los camareros tiene nombre y los diálogos están escritos sin la usual identificación de los hablantes. Debemos distinguirlos por la diferencia de actitud frente al hombre viejo.
-“¿Porqué no le dejas que se quede a beber?- preguntó el camarero que no tenía prisa.
-Quiero ir a acostarme.”
Los diálogos resaltan la diferencia entre alguien joven, que tiene deseos y alguien mayor, que sabe que no podrá dormir.
“-Tienes juventud, confianza, y un trabajo – dijo el camarero de más edad – Lo tienes todo.
– Y a ti, ¿qué te falta?
-Todo menos el trabajo.”
El viejo sordo está sentado en la terraza, a la sombra de las hojas de un árbol, que el viento sacude ligeramente. El camarero apurado logra que se ponga de pie y se vaya:
“-Otra- dijo el viejo.
No. No más.”
La frase: “Continúa la conversación consigo mismo”, implica un quiebre en la trama que terminará cuando se muestra al camarero mayor en otro lugar, frente a una máquina de café. En el final, el mozo de más edad está de pie, delante de una barra, marca la diferencia entre un bar o una bodega y un verdadero café y piensa: conversando consigo mismo:
“¿Qué le daba miedo? No era miedo ni pavor. Era una nada que conocía demasiado bien. Todo era una nada y un hombre también era una nada. Era solo eso, y luz era todo lo que necesitaba, y un poco de orden y limpieza. Algunos vivían en ella y nunca la sentían, pero él sabía que todo era nada y pues nada y nada y pues nada”.
Gran parte de las frases referidas a la nada, así como los parágrafos del Padrenuestro y el Ave María, están escritas en castellano en el original.
El cuento sirve para que el autor despliegue el credo de la nada, la expresión explícita del nihilismo universal que lo atormentó desde el comienzo al fin de su obra y de su vida. Ha llegado a una encrucijada y se pregunta: ¿Dónde podré encontrar razones para vivir?
Otros términos en español en el original son: “hombre”, “bodegas”, “Otro loco más” y “copita”. La ubicación en España, lugar que Hemingway admiró, demuestra una vez más su acercamiento al Mediterráneo y la sabiduría greco-latina.

Con la novela “Tener o no tener”, trató de crear valores positivos en la figura de un noble contrabandista: Harry, el primitivo, el virtuoso que ayuda a los fugitivos de la resistencia francesa, pero no convence y el fracaso de la novela, (que sin embargo se convertiría en una película exitosa), lo prueba.
Esta nueva conciencia social se expresa en forma más romántica en “Por quién doblan la campanas” (1940), cuyo epígrafe, una cita de John Done, poeta metafísico del S.XVII dice: “Ningún hombre es una isla completa en sí mismo; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del todo… La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy solidario con el género humano. Así entonces, no preguntéis jamás: ¿Por quién doblan las campanas?” Las campanas doblan por ti”.
En “El viejo y el mar”, su obra maestra, el viejo Santiago no ha logrado pescar nada durante ochenta y cuatro días, pero de pronto captura un enorme pez. Lucha durante tres días con él hasta que lo vence, aunque los tiburones devoran su presa antes de que llegue al puerto, dejando nada más que la cabeza, la cola y el esqueleto. Sólo en su barca Santiago y el mar simbolizan una complicidad profunda entre la naturaleza y el hombre, en una magnífica afirmación de la vida.
“Tú tienes mi muerte, pez, piensa el viejo. Estás en tu derecho. Camarada, nunca había visto nada tan grande, ni tan noble, ni tan sereno, ni tan bello como tú. Vamos, mátame. Me da lo mismo que uno de los dos mate al otro.”

Hemos seguido la trayectoria de Hemingway en varias de sus obras. Al analizarlas cronológicamente, se evidencia que la evolución que siguen, tiene una íntima relación con su búsqueda personal y puede explicarse a partir del recorrido que propone el Hinduismo para la vida humana.
El hombre puede todo lo que desea dice el Hinduismo. Consecuentemente se pregunta por lo que el hombre quiere verdaderamente, y la respuesta es:
1) El placer, que una vez conseguido, es estéril y pasajero, demasiado trivial para satisfacer su naturaleza. 2) El éxito terrenal, (riqueza, fama, poder), que una vez gozados son efímeros e insuficientes. 3) El servicio y el cumplimiento del deber, que son superiores y parecen llenar ese vacío, pero tampoco completan las necesidades humanas. 4. Quien ha llegado a este estadio, comprende que el gozo verdadero está en La liberación. El hombre desea un ser, un saber y una dicha infinitos, la liberación de la finitud que sólo se encuentra en lo trascendente. La gran noticia es que el hombre ya los posee dentro de él, sólo debe buscarlos. Debemos tomar consciencia de todo nuestro Ser, donde está la fuerza suprema, la plenitud de la sabiduría y la dicha inextinguible.
En “El Viejo y el mar”, Hemingway consiguió por un milagroso instante, derrotar la nada, y estuvo a un paso de lograr la armonía que necesitaba para vivir.
Pero en su conciencia profunda estaba instalada la nada, el fruto amargo del tiempo en que le tocó vivir. No hay otro modo de comprender que alguien que ha conseguido el placer, el éxito, la fama, la trascendencia social, y sabe cuál es la finalidad última del hombre, concluya su vida tirándose un escopetazo. Ese disparo final es la prueba de su fracaso espiritual.
Tolstoy definió a los suicidas como “aquellos que ha llegado a descreer de lo finito y no ha logrado creer en lo infinito”. Simone Weil, por su parte acota: “no hay nada verdaderamente bueno aquí abajo, todo lo que parece ser bueno en este mundo es finito, limitado, se agota y, una vez agotado, deja la necesidad expuesta en toda su desnudez”.

El desplazamiento de la realidad en William Faulkner

El desplazamiento de la realidad en William Faulkner.
Lic. Marcelo Scelso. Bajar PDF
Falukner
No puedo ocultar una profunda simpatía humana por William Faulkner, con quien tengo muchos puntos de contacto: vivía en una granja y cuando se le preguntaba por su oficio, respondía que era agricultor. Sus silencios desconcertaron a propios y ajenos. No puede imaginarse una vida menos intelectual y mundana, conservó el placer de la soledad y evadía las discusiones abstractas y los cenáculos literarios. En fin, que era un habitante más de su condado imaginario.
Nació en 1897, en New Albany, Misisipi y se crió en las cercanías de Oxford. Era el mayor de cuatro hermanos de una familia arruinada por la Guerra de la Secesión. Su bisabuelo fue el coronel Faulkner, héroe de la guerra civil y un caballero sureño de pura cepa.
Fue un mal alumno en la escuela rural, nunca llegó a recibirse de bachiller y adquirió su educación con sus familiares. En 1915 dejó los estudios para trabajar en el banco de su abuelo. La GM I, interrumpió esa agradable existencia, consagrada a la caza y a las charlas rociadas con alcohol de maíz. Por resabios de la hostilidad entre el norte y el sur, evitó enrolarse en el ejército de los E.U. y lo hizo como voluntario en la R.A.F.
Cuando regresó, comenzó a estudiar en la Universidad, pero abandonó para dedicarse a ser pintor de techos y cartero, (fue despedido por leer las revistas antes de entregarlas) y por fin, periodista en Nueva Orleans.
Pasó una temporada en París, pero no se estableció en la ribera izquierda, con los demás escritores de su generación y al poco tiempo regresó a sus raíces, que estaban en Oxford, y comenzó a escribir.
Vivió en su finca cerca de la ciudad, donde escribía a la mañana y se ocupaba de sus tierras por la tarde. Por la noche bebía con los amigos y los fines de semana los dedicaba a la caza. Como tantos otros escritores americanos de la época, fue guionista de Hollywood. Recibió el Premio Nobel, dos Pulitzer y el National Book Award.
Arrastró problemas con el alcohol toda su vida, murió en 1962 y sus restos están inhumados en el sepulcro familiar del cementerio de Oxford.
Siguió la tradición experimental de escritores europeos como James Joyce, Virginia Woolf y Marcel Proust, a la que agregó su particularísima utilización de las técnicas literarias innovadoras, como el monólogo interior, el multiperspectivismo, (inclusión de varios narradores o puntos de vista), la oralidad de la narración y un manejo no cronológico del tiempo.
Esta renovación del lenguaje hizo que influenciara grandemente en autores latino americanos como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa o Juan José Saer y en especial Gabriel García Márquez.
Antes de analizar su obra literaria, es necesario que veamos su más insólita creación, el condado de Yoknapatawpha donde transcurren doce de sus novelas, al que pobló con 6928 blancos y 9313 negros, a quienes parecía haber conocido personalmente. Están compuestos por grandes señores arruinados, pobres granjeros blancos que cultivan algodón y venden la madera de los bosques en Menphis y los negros liberados.
Podemos situarla geográficamente al noroeste del estado de Mississippi, en la región que se llama el “Deep South”, en el corazón del sur agrícola y feudal anterior a la guerra civil, dedicado al cultivo del algodón
Los grandes señores arruinados, orgullosos y violentos, frecuentemente degenerados, obsesionados por el incesto, conviven con los blancos pobres que no logran salir de su miseria y con la decencia y orgullo de los negros.
Lo esencial de la obra de Faulkner no está en los acontecimientos, sino en la belleza y el simbolismo poéticos de sus escritos, debido al tono intenso, inquietante y profundo, de que están cargadas sus novelas.
El estilo es barroco y romántico, con una prosa que ha sido catalogada como “profética”, nutrida en textos de la Biblia y de Shakespeare, cuyas palabras nos embriagan.
De todo esto surge un corrimiento de la realidad, una especie de desplazamiento perturbador entre el entorno cotidiano del lector, el escenario, la trama novelística y algo más que no se dice, que está oculto en el texto y debemos adivinar.
Las situaciones en que se ven inmersos los personajes, provocan una ambigüedad y un desconcierto que nos ayudan a comprender muchas de nuestras propias dudas, acerca de la racionalidad del mundo moderno.
Alfred Kazim dijo que su retórica es “la más complicada, la más incoherente e irrespetuosa de la gramática; la más laberíntica, la más polifónica de todas las retóricas de la prosa norteamericana”
Sus raíces están en los “abuelos puritanos” de la literatura norteamericana del siglo XIX: Melville y Hawtorne, que presentan una versión secularizada y fatalista del pecado original. En el mundo que nos propone, todo es inevitable, porque el hombre no es sino la suma del pasado que lo condiciona. Ninguno de sus personajes ha elegido su suerte y sufren una fascinación ante el fracaso y la muerte. Como dice Caddy, la disoluta de la familia Compson, en el “Sonido y la Furia”: “Me conduzco mal y me condeno, pero me da lo mismo”.
Para Faulkner la sabiduría está en los que sufren. Los únicos personajes que alcanzan la moralidad y la felicidad son los humildes, los instintivos: los niños, los negros y los blancos pobres e ignorantes.
Pese a las dificultades que apareja su lectura y al escenario cruel que a veces nos ofrece, ¡cuánta belleza, cuanta fuerza, cuanta riqueza encontramos en sus textos! Sus obras sacuden nuestras vidas, como un golpe renovador y saludable.
Sus novelas más importantes son:
1) Sartoris (1929), donde identificó al coronel Sartoris con su bisabuelo. Bayardo Sartorius, su nieto, vuelve a Jefferson después de la primera guerra mundial, obsesionado por la muerte de un hermano gemelo. Padece una depresión profunda y pasa largas horas en silencio. Narcisa, su mujer, espera que el hijo que van a tener lo ayudará a recuperarse. Pero al fin comprende que eso no sucederá: “No quiere nadie; ni siquiera tiene afecto por el bebé. No parece sufrir ni gozar y carece de cualquier sentimiento”.
Aquí encontramos, entre otros tópicos de Faulkner: La indiferencia de los personajes; el incesto, (ya que la mujer decepcionada, se consuela con su propio hermano) y la atmósfera de pesadilla, inundada por el pasado y las ilusiones irrealizables.
2) El sonido y la furia (1929), confirmó su madurez creativa y dio comienzo a su etapa más fértil. El título proviene de dos versos de Macbeth: “Una historia contada por un idiota/ llena de ruido y furor, que no significa nada”. (A tale told by an idiot/Full of sound and fury, signifying nothing).
La novela se compone de cuatro partes, entreveradas en una cronología desconcertante ya que no sigue el orden temporal normal. Las tres primeras partes son monólogos de conciencia y la cuarta una narración en tercera persona. Representan cuatro casos de degeneración en la familia Compson.
A través del cerebro embrollado de Benjy, un sordomudo idiota a quien han debido castrar para que no moleste a las niñas, descubrimos como tanteando en la oscuridad, los acontecimientos que marcan el destino de la familia.
Otro hermano, Quentin, estudia en Harvard y está enamorado de su propia hermana, Caddy, al punto que se suicida cuando se entera de su vida inmoral. Otra vez aparece aquí el incesto, uno de los tópicos Faulknerianos. Cuando Quentin rompe su reloj, antes de arrojarse al río, demuestra que el tema esencial de la obra es la lucha del ser humano contra el tiempo.
Caddy queda embarazada de un amigo de la familia y para salvar las apariencias se casa con el primero que se presenta, pero la unión no prospera porque ella mantiene sus costumbres viciosas. Bautiza con el nombre de Quentin a la niña, admitiendo que espiritualmente es hija de su hermano.
El hermano mayor, Jason, aunque cruel y timorato, es el más normal de la familia. Detesta a los otros tres, que le impiden ser libre y se venga persiguiendo a la señorita Quentin, tan descocada como su madre. Ella no lo soporta y huye con un acróbata, llevándose los ahorros del tío.
Las taras de los hijos provienen de las debilidades de los padres. Envueltos en su propia decadencia, la madre hipocondríaca siente nostalgia de los días grandiosos de su juventud y el padre es perezoso, jactancioso y alcohólico. Los negros, seres formidables y valientes, son los que mantienen las tradiciones abandonadas por sus amos.
3. Mientras agonizo, (1930), es una farsa desconcertante, contada con monólogos interiores que ya no trata de la aristocracia decadente, sino de los blancos pobres. Cuenta la historia de los Bundren, seres primitivos que conservan la ingenuidad. Viven en una finca, en una terrible pobreza.
La madre pide ser enterrada en el cementerio de Jefferson, con sus ancestros. Su familia pese a la pobreza quiere realizar su voluntad.
Para estos seres, privados de todo, el viaje significa a la vez un placer, un pretexto para salir. Cada uno tiene un proyecto en mente: el padre desea una dentadura postiza, Dewey una de las hijas, cierta droga que necesita y el menor, sueña con las bananas y los trenes mecánicos que para él representan los atractivos de la ciudad.
El hijo mayor, Cash, fabrica el féretro mientras su madre agoniza y cuando ella muere, la cargan en la carreta y todos parten hacia Jefferson. Son una macabra caravana que encuentra muchos contratiempos y van dejando una estela de espanto en el camino. El hermano Darl, que es débil mental y piromaníaco, incendia una granja donde se detienen.
Aunque Cash se rompe una pierna, no tienen alimentos y el cadáver comienza a oler, siguen avanzando. Por cierto que la gente les rehúsa hospitalidad, pero los Bundren, como los negros, guardan la dureza de los instintivos, que creen a raja cincha en la vida, por lo que son más valiosos que los decadentes Compson.
Llegan por fin a la ciudad y entierran a su madre. Dewel va a la farmacia y se entrega al empleado para pagar el medicamento que necesita; Darl termina encerrado en un hospicio y el padre consigue, antes de regresar, los dientes postizos y una nueva mujer.
4. Santuario (1931). Ocurre en la época de la prohibición. La escribió, a pedido y es algo subida de tono, porque sus editores estaban hartos de perder plata con él. En efecto fue un gran éxito ni bien apareció.
Temple Drake, joven universitaria sin escrúpulos, sale de un baile en el automóvil de un joven borracho de buena familia. Su compañero necesita más alcohol y se detiene en una farmacia donde bebe loción capilar. Por fin se decide a ir a una plantación abandonada, donde está el viejo francés con otros contrabandistas. Al llegar se llevan por delante un árbol: “…era el desenlace lógico y desastroso de la serie de acontecimientos en la cual se encontraba comprometida”.
Esa serie de acontecimientos concadenados, lleva a Temple de la universidad al burdel de miss Reba. El verdadero tema es lo inevitable, una fuerza oculta que enfrenta a sus personajes con su destino.
En el refugio de los contrabandistas aparece Popeye, un gánster que tiene todas las características mecánicas y despreciables del mundo moderno. Incluso lo describe con términos mecánicos. “Sus ojos parecían botones de caucho y en general tenía esa calidad viciosa, sin profundidad, de la hojalata”.
Popeye es un ser contra naturam. Es impotente y no puede gozar en forma normal. Viola a Temple con una mazorca de maíz y la conduce al burdel de Memphis, donde será una pupila más.
La perversión de Popeye encierra una innovación moral en la literatura, ya que su perversión radica en su actitud frente a la naturaleza, porque. “probablemente nunca ha sabido lo que es un pájaro”. Esta contradicción entre el hombre mecanizado y la vida es el tema profundo de “Santuario”. La violación con la mazorca no es un horror gratuito, sino que significa que hasta el sexo se vuelve innatural en el mundo moderno”.
Lleva a su amigo Red al burdel de miss Reba, paraque tenga relaciones con Temple, la mujer que ama. Esto inicia el camino de su perdición, porque matará a Red por celos, y luego a varios más, hasta que sea condenado a muerte por un crimen que no cometió, (Red es el muerto en el velatorio que constituye nuestra lectura).
Otras de sus novelas son: Luz de Agosto, (1932) y ¡Absalón, Absalón! (1940).
El cuento es un género muy frecuentado por Faulkner, tres de ellos son de lectura obligatoria: El oso, Gambito de Caballo y Una Rosa para Emilia.

Romance en Bagdad. 2009. por M.Scelso.

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Romance en Bagdad. 2009.

 

 

 

“En Irak, los ingleses han caído en una trampa de la cual será durísimo escapar con dignidad y honor.”                                                          

                                                          

T.E. Lawrence, 1920.

 

 

 

Zunilda tenía muchos méritos. Había trabajado y estudiado desde niña y luego logró graduarse de enfermera mientras servía en la residencia de una  familia importante. Cuando comenzó la guerra estaba trabajando  en el  Hospital General de Bagdad.

Alta,  pulposa, desprejuiciada, aprendió  a ceder ante los médicos durante las noches de guardia. Solía llevar, debajo del uniforme blanco, sólo unas braguitas y dos pulseras de plata.

Una noche los rangers entraron en la barraca donde  vivía con su familia. Linterna en mano, vociferando insultos en inglés, subieron en un camión al hermano mayor, mientras la madre trataba de proteger a los demás. Farid  trabajaba en la fábrica de  aceite. Unos días antes,  después de la lectura del Corán,  había discutido con su padre y salió dando un portazo: “No se la vamos a entregar a esos bastardos, antes la volaremos con nosotros adentro”, gritó desde la calle.

Farid no regresó. Era el destino de los jóvenes, de Jassim, su primo,  que se inmoló frente al Excelsior y de Josué, que continuaba preso. No hablaron más  del hermano, sólo escucharon reverentemente las antífonas, tratando de  aceptar el reiterado azar de la guerra.

            Al poco tiempo varios obuses cayeron sobre las barracas y ella fue despedida del Hospital. Sus padres vendieron  lo poco que les quedaba y regresaron al pueblo de donde provenían.

Zunilda deambuló por las calles varios meses, viviendo de lo que podía arrancarles a los  hombres con los que se abrazaba durante las noches. Sabiendo cuales eran las cualidades que le permitirían sobrevivir,  aprendió a caminar  cadenciosamente y a volver la cabeza con sensualidad para devolver las miradas  de los varones. Las aguas contaminadas y la magra alimentación, en vez de disminuir su belleza, le habían dado un atractivo particular, aguzando los pómulos, realzando los ojos grises y reduciendo al mínimo  su cintura.

Pasaba las tardes en  una peluquería improvisada debajo de un puente. A cambio de algunos trabajos conseguía que le peinaran el pelo negro y sedoso durante las dos horas diarias de suministro eléctrico. 

Buscando un refugio, volvió a la residencia donde había trabajado mientras estudiaba. El salón que  antes de la invasión reunía a los comerciantes de la ciudad y a sus mujeres, estaba  desierto. Subió  la escalera de caracol hasta el desván en el que solía dormir, esperando encontrarlo devastado como  el resto de la casa, pero halló intacto el cuarto, la cama y un pequeño armario.

Una tarde vio salir del museo de la ciudad, a varios hombres que ocultaban objetos entre sus ropas y pensó que algo de  valor conseguían en las salas desguarnecidas. Rompió una vitrina, cargó en su mochila varias tablillas de arcilla con mensajes escritos hacía miles de años y las ocultó dentro de su colchón de lana.         

 

 Bagdad arde por los cuatro costados. A lo lejos se ven los brillos amoratados de los yacimientos petrolíferos. Las tropas de la coalición están confinadas en la zona verde, única sección que  lograron dominar en la ciudad. En el Green Zone Caffe, cincuenta rangers con  chalecos antibalas, bruñen las  metralletas y reponen los cargadores. A medianoche deben reiniciar los recorridos. David, un  muchacho de Minnesota que  escucha atentamente la radio, levanta la cabeza: “Mierda, volaron otro camión”.

Dos horas después los blindados salen en fila de la fortaleza y cruzan el Tigris. Los soldados observan el exterior por las mirillas rectangulares: edificios en ruinas, automóviles calcinados, hombres cubiertos con chilabas que se deslizan pegados a las paredes y mujeres  vigilando desde las casas con rostros velados y miradas  de metal.

En el interior de la última tanqueta, se escucha música tecno y la voz melosa de un locutor del Medio-Oeste norteamericano. La tripulan cuatro adolescentes de dieciocho o diecinueve años que bromean mientras se ofrecen pastillas y goma de mascar. Hasta hace unas semanas creían que el mundo era una reiteración del suburbio donde vivían, con sus calles alineadas y  garajes para dos automóviles. El aire acondicionado completa la ilusión de que están en su país.

En una esquina varios manifestantes trepan al blindado tratando de cubrir las aberturas con adhesivos. David abre la torreta  contraviniendo  órdenes precisas. Por la abertura entra, con el calor,  la intemperie feroz, la realidad. Mientras intenta quitar los explosivos plásticos siente un fuerte tirón en los pantalones. Alguien se agarra ferozmente del cinturón y lo arrastra  hacia abajo. En la calle lo esperan  otras manos, otros pies, otros hombres desesperados. Lo patean entre las piernas, único lugar que el uniforme deja indefenso. Una  trompada impacta en el pómulo, otra en el cuello, se ataja contra la tercera cuando suena una explosión y todo se convierte en polvo y sangre, en pedazos de personas y  cosas que vuelan por el aire.

            No hay tiempo,  lo destriparán.  David se arrastra hacia un umbral, abre la puerta de un golpe y se deja caer en una enorme sala abandonada. Al fondo  hay  una escalera caracol y una  puerta. Va subiendo hacia atrás, con desesperación, sentándose  en cada peldaño, mientras dispara a mansalva. Dos iraquíes aparecen en el vano, el primero apunta hacia adentro.  Antes de gatillar,  comienza a contornearse como una marioneta,  acribillado por una andanada del fusil ametralladora del americano.  El brazo del que viene detrás atraviesa vacilante el umbral,  la mano tantea el cadáver, hurga entre las piernas,  retira la pistola y desaparece. David dispara nuevamente, haciendo levitar el cuerpo exánime. Sube los últimos escalones, estira desesperadamente los dedos buscando el picaporte, lo empuña y  lanzando una última balacera  entra en una habitación a oscuras.

Apoya la espalda en la pared y saca un cigarrillo empapado de sudor. La llama temblorosa del encendedor ilumina su figura: es un  niño rubio, de nariz respingada, con un mechón de pelo sobre la frente. La voz resuena en el ámbito vacío: “Soldado Samuel, batallón 2-16,  se reporta”,  como rogando insiste: “David Samuels. 03457, Menfis, Minnesota. Reportándose a la base”

Zunilda está acurrucada en la habitación oscura, roza el mango de un revólver, lo atrae lentamente con las uñas  y lo  va extrayendo del bolsillo. Cuando consigue apuntar al  pecho del soldado, decenas de imágenes se agolpan en su mente, recientes, sangrientas y una voz en su interior le ordena: dispara, bájalo. Hubiera sido su primer tiro. No es fácil convertirse en asesino,  pasan algunos segundos, los segundos que el destino necesita para cambiar el rumbo de sus vidas.

Él exhala el humo de golpe. Acaba de verla, con  los ojos encendidos,  apuntando en la oscuridad. El muchacho que está dentro de la  armadura del soldado,  comienza a llorar. Las lágrimas se abren paso entre la capa de polvo y hollín que le cubre la cara,  dejando una huella zigzagueante. Es un adolescente que pocos meses atrás jugaba en las calles de Menfis. Mira absorto el caño del revólver,  como esperando el fogonazo con alivio. Zunilda deja caer el arma, lo ayuda a levantarse y lo conduce al camastro.

Va quitándole despaciosamente el equipo y comienza a acariciarle el pelo, el cuello, sin detenerse hasta sentir el miembro rígido debajo del pantalón de lona. Las tablillas de arcilla se quiebran dentro del colchón.

Cuando el sol del desierto incendia  las paredes del cuarto,  la maquinaria que David tiene  instalada en su cuerpo lo obliga a ponerse de pie y repasar  el entorno con sigilo. Su comunicador  está desactivado, es  una falta grave,  se coloca los borceguíes y el chaleco y sale en línea recta hacia la puerta.

           

            Desde entonces, cada noche, cuando la tanqueta pasaba frente a la casa, un cuerpo delgado reptaba  sobre la  torreta y  se deslizaba por un costado, cruzando la calle hasta el cancel. Sudoroso, desorbitado, bajo los efectos del clonazepam y la marihuana, David se iba elevando con la espalda pegada al muro y  entraba en la casa.         

Adentro lo esperaba el paraíso. En el cuarto a oscuras, sólo se veían como joyas ofrecidas,  la perfecta dentadura de Zunilda  y el iris de sus ojos.  Él imaginaba lo demás,  los párpados  resaltados con Kohol, los labios rosados y su cuerpo cobrizo como  la piel dócil de una gacela. Dejaba caer el  chaleco antibalas y se quedaba parado, absorto mientras Zunilda se ponía en puntas de pies para quitarle el casco  kevlar y el equipo de visión nocturna, por fin lo empujaba hacia la cama para quitarle los borceguíes. Mientras terminaba de desnudarlo iba descubriendo novedades en su cuerpo; la traspiración suave, otro espacio níveo en la planicie de la espalda o entre las piernas,  otro mechón  rubio o sus ojos claros que cambiaban constantemente de color.

 Algunos ronroneos gatunos, las uñas clavadas en la espalda y las quietas sesiones de llanto reemplazaban las palabras.

Durante las primeras semanas, ambos se engañaron. Él creía estar canjeando cigarrillos, chocolates y  comidas enlatadas por sexo y ella, sobreviviendo, como había hecho desde que empezó la guerra.  Pero  el ardor que atravesó sus cuerpos fue dejando paso a la pasión.  Zunilda  lo esperaba mirando hacia la calle entre el humo y el polvo y David se sentía vulnerable, con la vida pendiendo  de un hilo que no era el de la guerra, sino el hilo sutil del amor.

            Una noche la tanqueta pasó sin disminuir la marcha. Nadie abrió la portilla,  ningún soldado se dejó caer como un herido, no hubo quien se arrastrara hasta el cancel, que  subiera las escaleras y recorriera como un ciego el trecho que lo separaba del lecho, el  hombre al que Zunilda esperaba para que la desmenuzara de deseo y la dejara laxa, vencida y triunfante sobre las sábanas.

            Durante la hora siguiente, esperó, mientras sus dedos calmaban la vagina, ávida de  que se repitiera el milagro del  orgasmo. El primer día sufrió por él, convencida de que algo debía haberle sucedido, pero, cuando el segundo, el tercero,  los siguientes,  cayeron  como gotas espesas,  comenzó a dudar.  Los celos, el despecho, el sentimiento de que siempre debió saber que  la abandonaría,  la soledad sin cura ni reemplazo que sigue al amor, hicieron que  tratara  de olvidarlo.

Había noches de calma, en las que pensaba que había sido trasladado a otra división y en algún momento le haría saber su destino. Rezaba, no sólo las cuatro veces obligatorias, sino a cada minuto, para que Alá se apiadara, para que, ya  que había permitido que un soldado enemigo  entrara en su cuarto y había consentido  que la amara, también le perpetuara su presencia, como el paraíso. Para que Alá  le otorgara,  no toda una vida junto a David, como había soñado, sino unas horas, una última noche, alguna noticia, la droga que curara el dolor ácido que le subía del pubis al pecho y anegaba sus brazos sin amor.

            Mientras tanto, David cumplía una pena de 30 días de detención en la celda de castigo. Había cometido el peor de los pecados, no reportarse reiteradamente. En la oscuridad del calabozo, sólo pensaba en el cuerpo dorado de Zunilda, en las yemas de sus dedos, como una enredadera suave y acariciante, yendo y viniendo, hasta la locura. 

Cuando lo liberaron estaba decidido a huir. Llegó a la cuadra, puso en su mochila algunas fotografías, la  ropa de civil y una pelota de beisbol y se escabulló dentro de un camión de basura. Fue siguiendo el recorrido de las tanquetas hasta dar con la residencia que estaba casi en ruinas. Al entrar, vio que ella bajaba tropezando en los escombros. “Esta vez no vuelvo”, le gritó subiendo los escalones que los separaban.

            Esa tarde David, no sólo desertó del ejército norteamericano, sino de su condición de occidental,  demócrata y racionalista, a su club de beisbol y el futuro que su patria le prometía, y se sumó al batallón de los hombres que buscan la felicidad yendo detrás de la mujer amada.

A la mañana siguiente Zunilda salió a recoger  leña entre las ruinas: partes de una ventana y las patas de una silla desvencijada, las llevó hasta su refugio y cosió un trozo de carne. “Él no puede comerla cruda, pensó, ninguno de ellos lo hace,  se sienten caníbales”.

Las pocas tablillas con escrituras  cuneiformes que   quedaban sanas después de tantas noches gozosas, les sirvieron de salvoconducto  para  salir de la ciudad. El aire olía a petróleo. Eran los últimos días de  Julio y  a las nueve de la mañana la temperatura alcanza  los cincuenta grados.

Un camión los llevó hasta el pueblo de los padres. En la mezquita, los esperaba el Himan. Antes de celebrar la ceremonia nupcial, hizo que David se arrodillara y repitiera tres veces, con una pronunciación que lo desfiguraba pero que aún lo hacía accesible a Dios, el Shahadah, el juramento  que los musulmanes deben decir en voz alta, con  plena comprensión y sentida convicción, al menos una vez en la vida: La ilaha illa ´llah.  “No hay otro dios más que Alá y Mahoma es su Profeta”.

                       

 

 

 

 

 

M.King Hubbert. Un Quijote de las ciencias.Robert D.Clark.

M.King Hubbert
Un Quijote de las ciencias
Robert D.Clark
The Leading Edge Magazine, 1983
Traducción de M. Scelso.

Un reportaje a M. King Hubbert que es casi una biografía. Ayuda a comprender la persona y su evolución como científico. Un buen acercamiento al geólogo norteamericano que investigó sobre la “naturaleza del crecimiento” y predijo la cresta de la producción petrolera mundial.

Lo primero que se ve al entrar en la casa de M. King Hubbert es un gran retrato de Don Quijote. Uno puede pensar que, más allá del mérito artístico, está allí por alguna otra razón, ya que el anfitrión ha sido a la vez muy famoso y castigado por sus ataques a lo considerado sacrosanto científicamente. Miriam Hubbert insiste en que no hay relación alguna; la pintura fue comprada mucho antes de que su marido fuera célebre, (y para algunos infame), por su lucha contra las ideas atrincheradas en las universidades, compañías petroleras y en el Instituto Geológico Americano. Miriam compró el retrato sin que su marido lo viera. El dueño anterior lo había devuelto a la galería porque no podía estar frente a la obra. “Tuve miedo de que King reaccionara de la misma manera, pero afortunadamente le gustó tanto como a mí”, dice ella. (Ambos están tan apasionados por el retrato, que Miriam dejó en claro hace tiempo que era suyo: “le dije que si alguna vez me voy, me lo llevo conmigo).
A diferencia del caballero de la triste figura, M. King Hubbert ha vivido para ver caer a muchos de sus opositores. Las teorías que propuso hace décadas fueron aceptadas y gracias a ello coleccionó un formidable número de honores científicos. La seguidilla de premios alcanzó la cima en Diciembre de 1981 cuando recibió el Premio Vetlesen, de la Universidad de Columbia. El Vetlesen es el más alto honor concedido en las ciencias geológicas. Fue doblemente significativo en su caso porque él había dejado Columbia en 1940, después de años tormentosos durante los cuales intentó, sin éxito, introducir la física en la facultad de geología. “Me retiré por consentimiento mutuo – evoca – ellos habían tenido bastante de mí y yo había tenido bastante de ellos”.
Lamentable, esta antipatía fue considerada algo que impedía que una mente de primera clase alcanzara las alturas apropiadas. Barry Raleigh, director del Observatorio Geológico Lamont-Doherty, dijo cuando lo presentó al otorgarle el premio, que consideraba la intransigencia de Hubbert como algo incomparablemente valioso. “Ser franco cuando los conocimientos convencionales tienden hacia otra dirección puede no brindar popularidad. La vitalidad e integridad intelectual de hombres como King Hubbert son cualidades raras y preciosas. Este reconocimiento muestra nuestra gratitud y respeto por todo aquello que hizo por la ciencia y por nuestro país”.
Probablemente Hubbert sea el geofísico más conocido por el público en general, debido a su sorprendente predicción, hecha pública en 1949, de que la era del combustible fósil sería de muy corta duración. Un año después desafió una previsión optimista sobre el petróleo, del afamado geólogo À. I. Levorsen, en una reunión patrocinada por los Naciones Unidas sobre la utilización y conservación de los recursos naturales. Al día siguiente apareció en la primera página del New York Times y desde entonces ha sido citado regularmente en los medios de comunicación masivos.
Subió al estrellato en los primeros años de la década del 70, cuando su predicción del inminente cenit de la producción petrolera americana se hizo realidad con precisa exactitud.
Sus especulaciones sobre la disponibilidad futura de los recursos naturales han dominado el ambiente científico desde 1956, cuando presentó ante la División Producción del distrito Sur del Instituto del Petróleo un análisis pesimista. En ese discurso previó, con precisión, que la producción americana de crudo alcanzaría su punto máximo a principios de la década de 1970, encendiendo una controversia que duraría casi 20 años.
También hizo significativas contribuciones al conocimiento de las ciencias geológicas. Algunos de ellas fueron adaptadas exitosamente a la exploración y producción de petróleo, antes y después de su recordado discurso. Ganó honores prestigiosos como las medallas de la Sociedad Geológica Americana y de la Academia americana de Artes y Ciencias, y es miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias. Como consecuencia colaboró en importantes investigaciones sobre las fallas de la tierra.
Esta parte de su trabajo es muy distinguida por derecho propio, y digna de ubicar a su autor entre los más importantes teóricos de la geofísica. Pero esas investigaciones se ven opacadas por la publicidad y la controversia que generó la extensamente conocida Curva de Hubbert, (debido a la forma de su gráfico más importante), de disponibilidad de recursos. Esto ha provocado que se lo conozca como geólogo del petróleo y como el último apocalíptico, cosa que raramente ha sido.
Su larga y todavía activa vida de trabajo, ha incluido largos periodos en las universidades, la compañía Shell y el USGS. Pero ninguna de estas ocupaciones le exigió que hiciera investigaciones geofísicas de campo. “Nunca hice un mapa geológico”, confiesa.
Hubbert ni siquiera tuvo contacto con el petróleo durante su juventud en Texas. Nació en 1903 y pasó la mayor parte de su juventud en una granja en San Antonio, condado de Saba en el centro del estado. “Probablemente el único lugar de Texas dónde no hay crudo”, – acota. Su primera educación fue errática, con cursos escolares de cuatro a siete meses, dependientes del progreso del trabajo de la granja. Hubbert completó dos años en el colegio Weatherford, una institución secundaria cercana a su casa, hacia 1923. Decidió continuar los estudios fuera del estado porque: “no me gustaron las universidades y estaba completamente hastiado con el nivel intelectual del lugar”.
El decano sugirió que fuera a la Universidad de Chicago, donde se presentó y fue aceptado. “Restaba solucionar un problema: no tenía dinero; de hecho, le debía al decano $50 y al rector otros $50”.
Decidió trabajar en su camino hacia el norte, siguiendo la cosecha del trigo. Empezó con lo mínimo, llevaba la ropa a la espalda y ni siquiera tenía un abrigo. Cumplió su plan a través de Texas y Oklahoma, pero cuando llegó a la frontera de Kansas, hizo una reevaluación estratégica. Días activos de trece horas, “en que me familiaricé con las radiaciones de la energía solar, seguidos por noches durmiendo en montones de heno”, le hicieron jurar que nunca más trabajaría en los campos de trigo.
Había ganado bastante dinero para llegar hasta la ciudad de Kansas en mejores condiciones. Pero allí al principio no encontró nada que hacer y “gasté hasta el último dólar”, antes de aterrizar en un trabajo en el Ferrocarril del Pacífico. Le enviaron a Colorado dónde el ferrocarril estaba reemplazando la vieja vía con barras de acero.
“Era a cielo abierto, estaba afuera, había literas para dormir, la comida era buena y el trabajo liviano, sólo 10 horas por día. Era casi una diversión”. Llegó a Chicago en septiembre e increíblemente, el primer día se encontró “con un amigo de Weatherford en la calle principal del pueblo”. Fue con su amigo a una pensión cuyos otros huéspedes eran estudiantes de medicina. “Viví con esos muchachos mientras estudiaban y hacían las pasantías. Soy prácticamente médico por contacto”.
Los restantes meses del año 1924, fueron un calidoscopio de trabajos: instalador de teléfonos, empleado de correos y camarero. Hubbert terminó trabajando 20 horas por día y “casi perdí la salud “, aunque pudo empezar las clases a tiempo.
La primera de sus confrontaciones con las autoridades de educación ocurrió un año después cuando recibió “una llamada del rector que me recordó que todavía no había arreglado el asunto de mi Major. Hubbert contestó que no quería especializarse en nada, que lo que quería era una educación. Pero las reglas universitarias requerían un Major y fue obligado a elegir uno.
“Yo tenía un espectro muy amplio de intereses y no quería estar debajo de mis pretensiones. Estudié el catálogo de la universidad cuidadosamente y encontré una combinación de un Major en geología y otro en física, lo que a su vez hizo necesario otro en matemática”.
Hubbert se convirtió así en el geólogo más ampliamente formado de su generación. Rápidamente aprendió la importancia de esa formación holística y se volvió un partidario apasionado de que todos los geólogos tuvieran ese entrenamiento básico. Esta cruzada llevaría finalmente a una confrontación con sus pares académicos de Columbia y un cambio en la carrera de educador hacia la investigación industrial.
Pero antes de empezar sus “años frustrantes” en la facultad de Columbia, Hubbert pasó un periodo breve haciendo exploración geofísica de campo. Su primer nombramiento fue una investigación en el gigantesco yacimiento petróleo de Amarillo durante el verano de 1926. Él operó hacia las afueras de Borger, que por entonces era sólo una calle entre dos filas de equipos de sondeo. Hubbert conservó la atmósfera de esa frontera de la civilización, en una fotografía que tomó de un anuncio donde se anunciaba sutilmente: “Camas 504, baños 504. Los baños libres son para los inquilinos regulares”.
“Ése era, probablemente, el pueblo más salvaje entre los del surgimiento de los EE.UU. – nos dice ahora – Había salteadores. Una vez los bandoleros acorralaron las tripulaciones de varios equipos, los reunieron en rebaño en un barranco y los robaron en masa”
Hubbert trabajó para Amerada y su subsidiaria, la Corporación de Investigación Geofísica, durante dos años. En 1927 estaba en el grupo de Geophysical Research Corporation que hizo un trabajo experimental de sismología reflectiva. Su jefe era Henry Salvatori, que después se convertiría en una de las figuras más importantes en la exploración mineral como el fundador y presidente de la Western Geophyísical.
“Necesitaba dejar la vida académica y respirar un poco de aire fresco”, dice Hubbert. Pero aceptó inmediatamente cuando la Universidad de Chicago le ofreció una ayudantía y fue principalmente docente desde entonces. Incluso durante los años con Shell, el USGS, y en la actualidad, nominalmente jubilado, pasó y pasa mucho tiempo en las aulas.
Ni bien volvió a Chicago, empezó haciendo campaña contra los métodos tradicionales de enseñar las ciencias geofísicas. “Constantemente pensaba que no se había enseñado nada en el campo de la geofísica, decidí que podría enseñarlo y dejé el trabajo en Columbia. En 1931 me hice instructor de geofísica”.
Sostuvo esa línea, aunque cuando salió de allí, en 1940 había logrado muy pocos cambios en el plan de estudios. Irónicamente, mientras perdía esta batalla académica, Hubbert estaba ganando un gran reconocimiento por su trabajo teórico. Dos de sus informes más importantes: Modelos de Escala Aplicada al Estudio de Estructura Geológica, de 1937 y Movimiento del agua en el subsuelo, de 1940, fueron publicados durante sus años en Columbia. La génesis de ambas fue casi accidental. Hubbert había sido pedido para completar un término en el National Research Cauncil” y se mencionaron modelos a escala en la reunión. “Esto era algo con lo que yo había jugado desde que era niño. Así que acepté hacer mi informe sobre él”. El informe terminó siendo considerado un clásico. J. D. H. Donnay, en sus comentarios, cuando la presentación a la Day Medal, en 1954 dijo: “De una vez y para siempre resuelve la vieja paradoja: ¿cómo puede la tierra ser al mismo tiempo, fuerte como el acero y suave como la masilla?”.
El informe tuvo dos efectos, tan beneficiosos como imprevistos, para Hubbert. Fue aceptado, después de la publicación, como su disertación doctoral. (Parece que los grados no le importaron mucho. Recién consiguió su Master en 1928, porque pensó que le ayudaría a conseguir trabajo en la Universidad de Oklahoma. Eso no se materializó y Hubbert nunca expuso un plan formal para ganar su doctorado, aunque siguió en esa dirección durante años.) Después, una versión revisada de este informe conocido como “El poder de la Tierra”, tendría un impacto positivo en un momento crítico de su carrera en Shell.
Los orígenes del informe de tierra-agua son de los primeros años de la década del 30, cuando Hubbert pasó los veranos investigando la resistividad de la tierra para el Illinois Geological Survey y el USGS. Su interés en el comportamiento del agua en el subsuelo empezó en 1931, cuando investigó como depósitos llenos de agua enterrados en arena gruesa, podrían ser localizados por mediciones eléctricas de la resistividad de la tierra. Esta investigación nunca fue más que una curiosidad ociosa, pero se volvió a encender hacia 1936, cuando varias cuestiones sobre el movimiento del agua surgieron durante un curso que Hubbert había preparado para enseñar a estudiantes de ingeniería civil y minas. Desarrolló la mayoría de su última teoría en ese momento, pero le concedió poca importancia al trabajo, pensando que era un conocimiento común entre los hidrólogos profesionales.
Sin embargo, en una reunión científica en 1939, comprendió gracias a un amigo, que las publicaciones autorizadas en ese campo afirmaban algo falso: que el agua fluye de las presiones altas a las bajas – y que una fórmula matemática largamente establecida, conocida como la ley de Darcy, era presentada erróneamente. (Darcy no sólo había tenido mala suerte con su ley sino también con su nombre. Durante la investigación, Hubbert descubrió que Henry Darcy era frecuentemente llamado Henri d’Arcy. (Los defensores de esa grafía incluían algunos catálogos de la biblioteca. El argumento sobre la ortografía correcta se levanta todavía de vez en cuando. Hubbert guarda una copia de la página del título del informe original de Darcy, como prueba en el cajón de su escritorio.) “Sólo entonces comprendí que mi trabajo anterior no había sido una duplicación del conocimiento pre-existente”.
En Octubre de 1939 empezó a escribir lo que creyó, sería un informe de 10-15 páginas. Pero surgieron nuevas cuestiones, el proyecto fue creciendo geométricamente y el manuscrito final tenía 160 páginas. Le llevó varios meses terminarlo y tuvo que ser publicado en dos partes en el Periódico de Geología. El efecto inmediato de esa investigación fue fastidiar tanto a los ingenieros hidráulicos como a los del petróleo. “Estos tipos apenas se hablan entre ellos pero yo logré enfurecer a ambos grupos. Cuando digo enfurecer, quiero decir enfurecer. Fue como tirar piedras a los enjambres”.
El shock duró varios años. Cuando Hubbert publicó la investigación en Europa poco después el Segunda Guerra Mundial, un oyente todavía se disgustó. “Dijo que había demostrado que lo que él había hecho en toda su carrera estaba equivocado”.
Hubbert adaptó ese trabajo para la exploración de petróleo en su famoso estudio de 1953, Entrapment of Petroleum Under Hydrodynamic Conditions, que hizo que fuera seleccionado por la Asociación Americana de Geólogos del Petróleo como disertante distinguido y que en el futuro pasara a formar parte de las reglamentaciones de geología de petróleo, haciendo que ganara las medalla Lucas del Instituto Americano de Ingenieros en Minería, Metalúrgica y Petróleo, en 1971 y la William Smith, de la Sociedad Geológica de Londres en 1978.
La conferencias de 1953 fue la segunda de una serie de tres que Hubbert dio para el AAPG. La primera se había realizado una década antes, poco después de que se uniera a Shell. Su separación de la Universidad de Columbia en 1940 había sido desagradable. Hubbert se sentía infeliz por los pocos logros que había tenido en su intento de elevar la geofísica a un nivel respetable de la comunidad académica.
“Materias como la geofísica y geoquímica eran consideradas como campos intermedios entre la geología y la física o entre la geología y la química, que tenían poco que ver con ellas”. La facultad trató a la escuela de geofísica como si fuera una escuela de comercio. Su único propósito era enseñarles a las personas cómo usar los instrumentos”. Las frustraciones de Hubbert fueron intensificadas porque sus alumnos: “no tenían preparación alguna para los cursos. La sección de geología estaba rígidamente aislada de otras, como la física o la química. Pocos estudiantes de geología tenían alguna vez un curso de cálculo diferencial o íntegro o un curso de introducción a la física. Yo sentía que si la tierra involucra un compuesto de fenómenos químicos, mecánicos, termales, gravitatorios, eléctricos y magnéticos, una educación amplia en las ciencias básicas era lógicamente necesaria para un geólogo científico. Esto, que ahora es aceptado, constituía una herejía durante los años treinta. Hubbert fue derrotado, pero en el futuro resultaría victorioso. Gracias a una investigación de 1938 y su papel principal en un debate que en 1949 generó una recomendación del GSA, el plan de estudios de geología terminó por incluir matemáticas, química y física.
Después de dejar Columbia, Hubbert estuvo dos años en el Board of Economic Warfare y por fin se hizo investigador de Shell. La empresa tenía una regla rígida, de acuerdo a la cual no contrataban a nadie mayor de 40 años. Hubbert entró pasado en tres semanas. “Estuve a prueba ese primer año. Ellos me dejaron trabajar a mi manera y yo tuve muy poco para mostrar durante los primeros meses. Mi vida profesional estaba en riesgo”.
Lo salvó el pedido de una versión revisada de su trabajo sobre modelos de escala. Inicialmente, Hubbert no estaba seguro que pudieran aceptarlo. “Shell era bastante delicada en cuanto a permitir publicar a su personal, pero yo los convencí de que el proyecto no olía a crudo por lo que me permitieron seguir”. La nueva versión, titulada La Fuerza de la Tierra, le permitió ganar su primera distinción AAPG en la Cátedra. “No pensaba que alguna vez tendría un gran éxito, pero eso puso sobre aviso a Shell. Yo estaba en el cenit”.
Años después supo que su trabajo había tenido una ayuda en la trastienda. Wallace Pratt, uno de los más grandes nombres en la geología de petróleo, leyó ese y otro trabajo de su segundo en Shell. “Pratt telefoneó al presidente de la compañía y le dijo que tenía dos de los mejores hombres de la industria petrolífera entre el personal de Houston. Al parecer, dejó una profunda impresión”.
Hacia 1945, el prestigio de Hubbert en Shell se había expandido “Un día me llamaron diciendo que iba a ser el segundo del nuevo laboratorio de investigación y producción. Yo ayudé a diseñarlo y a formar el personal durante los siete años siguientes. En 10 años llegó a ser un excelente laboratorio en la industria del petróleo.” Al finalizar la primera década en Shell, la compañía decidió dejar libres a algunos de sus científicos para investigar en la dirección que desearan. Hubbert fue el primero en ser escogido. Su reacción inmediata fue similar a la que tuvo cuando en sus días de universidad le pidieron que eligiera un Major.
“Perdí mucho tiempo pensando sobre la denominación, no por vanidad, sino para evitar una restricción profesional”, dijo. El criterio general era que cada cual era un experto en algo y que esa era la única área en que su opinión podía llegar a tener peso. No quería quedar encerrado en una denominación. Finalmente decidí por: “Consultor en Geología General”. Eso era bastante amplio como para hacer casi cualquier cosa sin que ser acusado de estar fuera de mi campo”.
Durante esos años como investigador independiente Hubbert realizó dos importantes contribuciones a la geología estructural. En 1957, en colaboración con David Willis, invirtió el pensamiento ortodoxo demostrando que los fluidos bajo presión fracturan las rocas verticalmente, en lugar de horizontalmente. Esto se adaptó después como una técnica de producción de petróleo. Dos años después, colaboró con W. W. Rubey resolviendo un enigma geológico que tenía por lo menos un siglo: como se movían los enormes pliegues de las rocas. La mecánica convencional lo juzgaba imposible, porque las rocas no eran suficientemente fuertes como para mover decenas de millas de plegamientos.
“Sin embargo era así. Obviamente había sucedido, cualquiera podía verlo”. Hubbert y Rubey dijeron que empujarlas desde arriba era posible porque las piedras eran soportadas por los fluidos confinados debajo de la superficie a muy alta presión agregando: “Hay muchas cosas que todavía no entendemos sobre la presión superior, pero esencialmente el problema se resuelve así, de acuerdo con la mecánica”.
“La señal más clara del trabajo de Hubbert es que los principios mecánicos involucrados estaban expuestos clara y elegantemente ” dijo Raleigh en la ceremonia de entrega del premio Vetlesen. “De este informe surgieron explicaciones acerca de los orígenes de los terremotos y una amplia variedad de temas relacionados con los efectos mecánicos de los fluidos en las rocas”.
Si esta serie de contribuciones brillantes a la geología estructural hubieran sido su única colaboración, podría haber sido homenajeado hoy en día como un augusto hombre de ciencia. Pero ese destino, para bien o para mal, no le tocó, debido a su investigación sobre la disponibilidad futura de los recursos naturales de que depende la sociedad moderna. Es una área dónde pocos se han aventurado con honor y donde muchos han perdido la credibilidad. Hubbert consecuentemente ha quedado como una figura polémica. Pese a que recibió más honores en la ciencia geológica que ningún otro, la mención de su nombre aún puede generar una discusión durante una cena. Es probable que su reputación póstuma quede relacionada con la exactitud de esas previsiones, algo que recién se conoció a fin de siglo. Hubbert parece deseoso de aceptar su destino. Él considera a este trabajo “el más importante que hice “, y ha sido su proyecto perpetuo. El asunto lo ha poseído, con fervor variado, desde que estaba en la universidad.
“Durante la primavera de 1926 tuve que tomar un curso titulado geología económica. Me anoté sin entusiasmo, pero resultó ser el curso más revolucionario que tuve alguna vez. Me recuerdo mirando con asombro absoluto un gráfico de la producción de carbón. Hierro y carbón eran por entonces la base de la industria moderna. Tracé la producción y el consumo de ambos y encajaron en una curva. Desde entonces he estado trazándolos y mirándolos”.
La investigación de D.F. Hewett, de 1929: Cycles in Metal Production, influenció enormemente a Hubbert, que ha caracterizado ese estudio como “uno de los más importantes de los realizados por un miembro del Instituto Geológico Americano. Las conclusiones básicas de Hewett acerca de la evolución del área de producción mineral aún son citadas, lo que indica que se han elevado al nivel de dogma aceptado.
El trabajo de Hewett fue el antepasado inmediato de la curva de Hubbert y los gráficos relacionados. “Lo más importante que recibí de él fue la respuesta a la pregunta acerca de cuánto tiempo puede durar el crecimiento. La respuesta es: las curvas no se mantienen subiendo, llegan al tope y regresan a cero. Éste es el desarrollo futuro de la curva, que uno sabe definitivamente y que facilita mucho las matemáticas. El área que queda debajo de la curva es gráficamente proporcional a la cantidad de desarrollo. El área bajo la curva no puede exceder lo estimado. Es un método de análisis muy simple pero muy poderoso”.
Esto es lo que hace que las primeras predicciones de Hubbert fueran tan diferentes de las de sus casi ridículos predecesores. Los anteriores investigadores calcularon cuanto petróleo restaba sin ser descubierto, y erraban groseramente, como aquel que dictaminó que no había crudo en todo el estado de Texas. Estas previsiones se demostraron casi siempre equivocadas y llevaron a la asunción de que el mundo tenía un tiempo considerable para encontrar a un sustituto para el petróleo.
Hubbert, sin embargo, no hizo esas estimaciones, sino que se basó en gráficos anteriores. Tomó las figuras aceptadas por la industria del petróleo y mostró lo que esas figuras significaban matemáticamente. Tal interpretación resultó diferente del modo convencional de ver el problema.
En sus primeros cien años la industria americana del petróleo descubrió y utilizó 50 o 60 billones de barriles, dentro de los Estados Unidos, (excluidos Alaska y Hawai). Había acuerdo generalizado en 1950 de que quedaban 150-200 billones de barriles recuperables. La opinión ampliamente sostenida era que había bastante crudo para varias generaciones, pero las curvas de Hubbert dieron un cuadro muy distinto. Indicaron que la producción americana alcanzaría el máximo rápidamente, en una generación. Si su análisis era exacto, el 90% del crudo recuperable en los cuarenta y ocho estados inferiores se habrán acabado antes de fin de siglo.
“Descubrí esto a mediados de los años 30, pero la primera vez que lo di a conocer por escrito fue en la convención de 1948” – recuerda Hubbert “Yo era uno de tres participantes de un simposio sobre energía. El primero habló de la energía solar y el otro, (Eugenio Widner, después laureado Nóbel) de la energía nuclear. Yo había recibido una carta que me vino como llovida del cielo donde me pedían que hablara sobre la energía proveniente de los combustibles fósiles. Fue sorprendente porque yo no tenía ningún trabajo publicado en ese campo. Obviamente, alguien supo algo”.
El hombre que sabía algo era James Gilluly, del USGS, un amigo personal con el que Hubbert había discutido previamente sus teorías.”Al parecer fue rechazando todos los posibles participantes hasta que decidieron invitarme”.
La versión impresa se publicó un año después, pero apenas fue advertida por la industria de petróleo, aunque tenía pocas diferencias con la versión que a fines de 1956 que causó tanto alboroto. Hubbert pudo ser más específico en su análisis en 1956, debido a datos adicionales, y predijo que la producción cruda americana alcanzaría el máximo en 10 o 15 años.
“Eso causo revuelo. En lugar de creer que la escasez era un problema de nuestros nietos, estaba mirándonos a la cara. La primera reacción fue de honesta incredulidad. Entonces la industria se dividió. Una parte se negó a aceptar la situación y empezó cambiando las figuras, del otro lado, gente como la de Shell, aceptaron que no podían cambiar los gráficos”.
La estimación realizada por Hubbert en 1956, de 150-200 billones de barriles de crudo recuperable en los U.S., fue virtualmente el punto de vista unánime en la industria. Un mes antes de su discurso, Wallace Pratt había publicado los resultados de un estudio realizado por los 25 hombres que más sabían del negocio. La estimación más baja del grupo era la del propio Pratt, 145 mil millones de barriles. La más alta era de 200 mil millones. Aún así, en cinco años la reserva del USGS creció hasta 590 mil millones de barriles. Ese número increíble fue sostenido hasta que la crisis energética de los años setenta forzó una reevaluación.
En 1961 Hubbert abordó el problema desde otro ángulo. El presidente John Kennedy pidió a la Academia Nacional de Ciencias que evaluara los recursos naturales del país. Hubbert contribuyó con su informe, abandonando el método tradicional de estimar la reserva de petróleo analizando las formaciones geológicas, porque había dado como resultado “una gran variedad de estimaciones, la mayoría de las cuales, obviamente tenían que estar groseramente equivocadas”.
Hubbert basó sus estimaciones en los reportes de los descubrimientos comparados con los de exploración. Su figura fue de 170 mil millones de barriles, muy cercana a las figuras que habían sido aceptadas ampliamente una década antes. En este informe Hubbert se ocupó también de los suministros de gas natural y anticipó que alcanzarían al pico máximo a mitad de los años setenta. “Realmente lo hicieron en 1973, aproximadamente tres años antes”, recuerda ahora.
Phillip Handler, anterior presidente del NAS, consideró que la previsión de Hubbert era extraordinariamente exacta, pero fue ignorada por la administración Kennedy. “Su influencia fue lo más cercana a cero posible – recuerda Hubbert – El gobierno hizo lo que generalmente hace en cuestiones controvertidas: nada. Como eran predicciones sobre el futuro cercano, apenas nos sentamos alrededor y esperamos ver lo que pasaría”.
Vistas desde la actualidad, las cosas seguían de cerca las predicciones de Hubbert. Irónicamente, resultó que había sido ligeramente optimista. La producción en los recientes años ha caído debajo de la curva anticipada. “A menos que ésta sea una anomalía que se corrija rápidamente, la producción americana no alcanzará los 170 mil millones de barriles. Ahora mismo la prospección está más cerca de los 163 mil millones “, acota.
Cuando sobrevino la crisis energética en los 70, Hubbert fue súbitamente elevado a la celebridad. Fue buscado constantemente por los periodistas famosos. La curva de Hubbert hasta fue utilizada para una campaña publicitaria. Su fama a lo largo de esa década creció tan firmemente que orillaba las proporciones míticas. En Noviembre de 1982, un artículo del New York Times lo llamó: “casi legendario”.
Como pasa con casi todos lo mitos, una considerable parte de ficción se contrapone a la realidad. Por ejemplo, normalmente se toma por cierto que Hubbert fue condenado al ostracismo por sus compañeros científicos debido a su pesimismo. Hubo, (y hay) quienes discreparon vigorosamente con él, pero nunca lo privaron de un lugar prominente en el debate científico subsiguiente. Él continuó trabajando en Shell hasta la edad jubilatoria. Se unió al USGS cuando este estimaba una reserva tres veces superior a la de Hubbert. Fue presidente del GSA y fue editor asociado del Boletín de AAPG, hasta 16 años después del alboroto de 1956.
Los premios más importantes llegaron a un ritmo permanente. Durante los años 70, Hubbert recibió el nombramiento de miembro honorario en muchas sociedades relacionadas con la geología, incluida el de la Sociedad de Exploración Geofísica, en 1960. Se unió al SEG en 1945 y rápidamente se convirtió en miembro activo. Ha servido en el comité de educación geofísica, en el comité de publicaciones, y como editor de “Geofísica” (1947-49).
Aunque fue frecuentemente criticado por algunos ejecutivos del petróleo, mantuvo e hizo relaciones con muchos otros. “Saben tan bien como yo que se están quedando sin petróleo” – dice. Además de los reconocimientos citados previamente, Hubbert recibió la Medalla Penrose, en 1973, (que lo convirtió en uno de los pocos que obtuvo los dos premios del GSA; el Rockefeller Public Service Award en 1978; y la medalla Elliott Cresson del Franklin Institute en 1981.
Hubbert ha tenido serios problemas de salud durante varios años. Su vista y oído le dan problemas. Pero ni las dolencias, ni los aduladores han corroído su entusiasmo por el combate intelectual. En los años recientes se lanzó contra un objetivo, lo que él llama la cultura del dinero, que es gigantesco, aún para los estándares de Hubbert. Su tesis es que esa sociedad está tremendamente impedida porque sus dos basamentos más importantes: el sistema materia-energía y el histórico de finanzas, son incompatibles. Una co-existencia razonable fue posible mientras ambos crecían en igual proporción, como sucedió desde el comienzo de la revolución industrial, pero acabará pronto, porque el crecimiento del sistema material y energético es limitado mientras el crecimiento del dinero no lo es.
“Yo estaba en New York en los años 30 y vivir la depresión – cuenta Hubbert- fue una experiencia muy educativa. Entonces el país de detuvo debido a razones monetarias, ya que teníamos mano de obra y abundante materia prima. Sin embargo lo paramos. Ahora estamos haciendo lo mismo, pero con una perspectiva material distinta. No estamos en la misma posición que 1929-30 con respecto al futuro. Entonces el sistema físico estaba listo para funcionar, ahora no. Nosotros estamos en una crisis única en la evolución de sociedad humana. Nunca ha pasado antes y posiblemente no pasará nuevamente. Los combustibles fósiles y los metales sólo pueden ser usados una vez. Pronto todo el crudo habrá sido quemado y los metales extraídos.
Hubbert acepta la posibilidad de un escenario catastrófico, pero no es el que prevé. Este hombre, conocido como pesimista, es bastante esperanzado. De hecho, podría convertirse en el último utópico. “Contamos con la tecnología necesaria. – opina – Todo lo que tenemos que hacer es cambiar completamente nuestra cultura y encontrar una alternativa al dinero. No estamos empezando de cero, enfatiza. Tenemos una enorme cantidad de conocimientos técnicos, es cuestión de reunirlos, simplemente. Todavía tenemos una gran capacidad de maniobra, pero esa flexibilidad irá disminuyendo a medida que pase el tiempo”.
Una solución no catastrófica es posible, pero la sociedad debe estabilizarse. Esto implica abandonar dos axiomas de nuestra cultura: el trabajo como ética y la idea de que el crecimiento es el estado normal de las cosas. Hubbert desafía esta idea matemáticamente y concluye en que el crecimiento exponencial de los últimos dos siglos es lo contrario de la situación normal. “Es una aberración. Durante la mayor parte de la historia humana, la población se duplicó sólo una vez cada 32.000 años. Ahora el período de duplicación está debajo de los 35 años. Eso es peligroso, ninguna población biológica puede duplicarse más de unas veces sin salirse seriamente de sus límites. Yo pienso que el mundo ya está sobre- poblado. No puede haber ninguna solución posible para los problemas del mundo que no involucre la estabilización de la población”. Las ideas de Hubbert acerca del trabajo son aún más heréticas. “El trabajo está volviéndose cada vez menos importante. Es posible que en el futuro, la semana laboral pudiera estar en el orden de las 10 horas ya que la producción estará limitada por los escasos recursos minerales. Lo que podría significar la fundación de un paraíso terrenal” – enfatiza.
“Actualmente, la mayoría de la mano de obra está ocupada en manejar papeles. El trabajo real necesario para mantener en funcionamiento una sociedad estable es muy pequeño. La llave para realizar esta alteración cultural es proponer un suministro de energía barata ilimitado. Hubbert piensa que la respuesta obvia es la energía solar, y que no se necesitan muchos descubrimientos tecnológicos antes de que pueda estar disponible. Su fe no es la de las que se ponen de rodillas rápidamente, sino la un incrédulo que estudió mucho antes de convertirse.
“Hace 15 años pensaba que la energía solar era impráctica, porque creía que la energía nuclear era la respuesta. Pero pasé un tiempo en un comité asesor de la Comisión de Energía Atómica acerca de los desechos. Después de eso empecé a ser muy escéptico debido a los riesgos. Entonces empecé a estudiar la energía solar. Estoy convencido de que tenemos la tecnología para manejarla ahora mismo. Podríamos hacer la transición en materia de décadas, si empezamos ahora.
“La energía Solar es limitada, si consideramos el tiempo astronómico, y no en el tiempo humano. Estuvo y seguirá estando allí por billones de años después de que nosotros nos hayamos ido. También tiene otra gran ventaja sobre las fuentes convencionales: una vez que el sistema está listo, es permanente. Todo lo que exige para continuar funcionando es el mantenimiento rutinario.
Contar con una fuente ilimitada de energía barata es la llave para la utopía de Hubbert, por el tiempo libre que puede generar. “Piense en las personas que hicieron cosas notables en el pasado: los griegos, los ingleses del siglo pasado. ¿Qué tenían es común? Eran muy educados y disponían de mucho tiempo libre. Claro, no todos los que tenían esa combinación hicieron cosas notables, pero las personas que generalmente hicieron las cosas notables tenían esa combinación”.
En ambos casos, las oportunidades de grandeza intelectual estaban limitadas a unos pocos. La vida intelectual de Grecia fue posible porque era una sociedad de esclavos. Inglaterra se apoyó en las grandes masas que vivían en una terrible pobreza. Pero si el sol es conquistado, la educación y el ocio podrían ser universales. “Podría producirse el más grande renacimiento intelectual de todos los tiempos”. ¿Cuáles son los candidatos para dirigir este cambio cultural? Sus pares de las ciencias geológicas. “La dirección intelectual es – dice – su función natural”.
“Pienso que las ciencias geológicas están por entrar en su tercera fase. La primera fue aproximadamente entre 1780-1880, cuando un manojo de hombres como Hutton, Lyell, y Darwin cambiaron el mundo. Ellos nos dieron una visión geológica de la historia en lugar de una visión bíblica. En la segunda fase, desde 1880 hasta ahora, los biólogos y geólogos se volvieron utilitarios, concentrándose principalmente en la búsqueda de metales y combustibles fósiles. Ellos pensaron poco sobre asuntos tan amplios. Ahora comienza una tercera fase en la que el mundo está entrando en el tumulto intelectual. Necesita guía. El conocimiento esencial para la dirección intelectual en esta situación, es preponderantemente geológico – un conocimiento de los minerales y recursos energéticos. La importancia social de cualquier ciencia, es su efecto sobre lo que las personas hacen o piensan. Es tiempo de que los geólogos se conviertan en la mayor influencia sobre lo que las personas piensan y viven”.
Pese a que está cerca de los 80, es obvio que Hubbert no ha perdido su don más importante: hacer que las personas inteligentes, tanto aquellas que admiran, como las que deploran sus opiniones, piensen profundamente sobre cosas desagradables. Si Hubbert tiene razón acerca de que el ser humano está al borde de una crisis incomparable, entonces los hombres van a tener que tomar importantes decisiones en forma inminente. Esta habilidad de hacer que las personas, particularmente las personas correctas, piensen, será de un valor inestimable. Puede ser el legado más importante de Hubbert.